La educación ideal

Hace ya diez años que comencé a atisbar esto del homeschooling. Los primeros años fueron muy difíciles. Es una auténtica locura el ruido nefasto de una cultura tan alienante en cuanto a la crianza, educación, y vida de niños, jóvenes, y adultos. Escribí, hablé, pensé mucho, para justificarme, posicionarme, defenderme… todo síntoma de que no estaba tranquila, porque esto del homeschooling siempre me ha quedado un poco grande, por mucho que quiera pensar que lo llevo bien, siempre me tuvo algo a la defensiva en la primera etapa. Con esta explosión de la Internet, muchas ventajas y opciones se nos han abierto, pero somos los mismos humanos de siempre, y hay tantísimo de todo, y tan mezclado, que saber transitar el camino propio es complicado, depende qué factores nos rodeen y de nuestra personalidad, puede seguir siendo complicado mucho tiempo, o podemos encontrar el ritmo más rápido. Ya decía el poeta que se hace camino al andar, gran verdad es esa. La respuesta a nuestras dudas no está afuera, sino en nosotros mismos.

Siempre ví a algunas familias disfrutando, con niños ideales, con programas de estudio fascinantes, con todo sobre ruedas… y siempre quise ser así, sin pensar que ya lo era, desde el primer momento. Adopté esto de educar en casa como un trabajo, algo que hacer, que copiar, que resolver, que arreglar, que planear, y, como dice la canción (mira que soy vieja), me olvidé de vivir.

Dentro de haber estado siempre tensa, pensando y dándole vueltas a todo, tratando esto y lo de más allá, al menos me queda el haber atinado en ciertas cosas (nadie lo hace todo mal, y no importa cuánto nos equivoquemos, si sacamos la cabeza finalmente, habremos aprendido, nunca es tarde). ¿Qué creo hice bien?: haberlas sacado mucho afuera, nuestras visitas al parque, a la biblioteca, momentos de cantar, bailar, cocinar juntas… y, a pesar de haber querido convertirlas en lo que no son, -hasta cierto punto-, siempre me frené y volví a reconsiderar que esa no era la manera. En casa es difícil ponerte una venda y seguirlos llevando a la fuerza por un camino equivocado. No hay castigos ni premios que se puedan mantener en una relación de cariño y respeto, por consiguiente, es difícil mantener una filosofía, currículo, o programa, no basado en cómo aprendemos todos, grandes y pequeños. Malos métodos, o ningún método, puede funcionar por un tiempo, pero todo lo malo tiene corta vida.

Finalmente, llegó el momento en que, sin quitar que hay días y días, como en todo, disfrutamos de nuestros quehaceres y nuestra vida. La verdad es que, si lo que siempre mantuve en nuestro día a día de Charlotte Mason no nos hubiera proporcionado la satisfacción y gozo que sentimos todos en familia, no hubiera tenido problema en cambiar de rumbo. Pero algo me decía que este camino era el nuestro.

¿Lecciones sí, o no? Sí. Pero nada que ver con lo que pensamos que una lección es. De hecho, todo lo que he tratado de enseñar YO me ha salido FATAL, ja ja ja. Lo único que las niñas aprecian, es lo que viene directamente de los maestros. Lo mejor de lo mejor. ¿Y cómo hacemos? Simple. Salvo algunos intereses que les llegan de sus gustos y personalidades, como mi hija mayor a quien le encanta hornear y cocinar en general, y ambas a quienes siempre les ha gustado muchísimo y aún les encanta DIBUJAR, todo lo demás que les interesa y les motiva, proviene de las IDEAS. Y ¿cómo entran en contacto con los maestros y sus ideas? OBSERVACIÓN, ESCUCHANDO, y, últimamente, LEYENDO ellas mismas.

Si he intentado dar una leccioncita de matemáticas, incluso de algo básico… nada… nunca me funcionó. Tuve que ir a un buen programa, como es MEP, y ver en sus planes, cómo están explicados conceptos matemáticos de forma correcta y atrayente. También adquirí los libros de Life of Fred, para ser Stanley, el escritor, mediante Fred, quien les hablara de matemáticas. Entonces sí, alguna vez tuve éxito con mates que usamos al cocinar, etc. ¿Historia? Para esto hubiera sido patética de haberlo intentado yo sóla, así que dejé a los mejores historiadores narrarles las historias, e insistí en que ellas las repitieran, no palabra por palabra, ni que me dieran un resumen perfecto, sólo que las hicieran suyas, con una frase, o preguntas, o lo que dijeran sobre el texto, pero ATÁNDOME LA LENGUA y sin hacerles preguntas mías. Si es lenguaje, hay tantos maestros del lenguaje en nuestra literatura, que para qué competir, ja ja ja. Y si es La Palabra, ni que decir que otra cosa que no sean las Escrituras, mis hijas me mirarían y dirían que por qué estoy estropeando lo bonito del mensaje, lo poético de las mismas Escrituras.

Y para cuando ni siquiera este festín de ideas era bien recibido, entonces, paciencia. Todos estamos hechos para recibir esto con agrado, y si no es así, estaremos errando en la cantidad, o velocidad. Puede que vayamos muy rápido (o muy lento), o que les estemos atiborrando demasiado (o que no demos suficiente variedad y riqueza), y, sobre todo, puede que estemos cayendo en el gravísimo error de pretender echarles los libros o actividades como la comida a un pollo. Repito que NADA que no haya amado yo primero, que no haya entendido, abrazado, estudiado y valorado yo primero, ha sido normalmente algo buscado y deseado por mis hijas.

¿Tiene una que titularse entonces en todas las disciplinas? Ni mucho menos. Pero, en los años primeros, hasta que los niños se hacen autodidactas y totalmente responsables de seguir educándose de por vida, es, no solo una responsabilidad, sino un privilegio y una bendición, el aprender para todas las materias, cuál es un buen enfoque y una buena forma de ayudarles a sentar esa base o armazón sobre el que seguir añadiendo ideas ellos sólos. Lo bonito es que no se necesita currículo comprado, ni horas y horas de estudio tedioso. Muy al contrario, lo poquito que invirtamos en saber cómo plantear el estudio de la Biblia, las matemáticas, el lenguaje (de donde parte la poesía, recitado, dicción, lectura, literatura, caligrafía y luego ortografía, gramática), la historia-geografía-biografía, las ciencias, y las artes -música, pintura-canciónes, artes plásticas, será un tiempo sabiamente invertido… además de un enorme placer, y una oportunidad para reconectar con la educación nosotros mismos.

Sí, comprendo que hay países donde parece que no hay títulos de libros suficientes ni en diversas áreas del conocimiento… pero creo que una persona atenta y con fe y paciencia los debe saber encontrar. Si los niños son pequeños, no hay que gastar en libros, sino leer nosotras primero y encontrar poco y bueno para esa edad. No perdáis tiempo con libros de pre-escolar, por favor, ni enseñando a leer con programas. Las mates orales, a leer, señalando palabras, con canciones, leyendo y apuntando palabras, fijándote en letreros, leyendo palabras en voz alta… Invierte sobre todo en formarte tú primero. Si son mayores, se les puede enseñar a que ellos nos ayuden a buscar los libros vivos y recursos. Y no por ser mayores hay que alborotarse con tal y cual libro o currículo que cubra equis o zeta. Al menos eso pienso, porque para mí, elegir esta educación significa no mirar a las escuelas ni a exámenes. Para mí, este es mi regalo a mis hijas, el aprender y observar para hacer posible el que ellas no sólo preserven, sino que desarrollen ese deseo natural a todo humano de aprender, de vivir lo bello, lo bueno, y lo verdadero.

Información sobre el Curso de Charlotte Mason  

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