Reflexiones veraniegas

 Neptuno, y dos sirenas o criaturas semi humanas y marinas, las tres de arriba dibujadas por la mayor.
 Las siguientes dos fotos de más personajes son las creaciones de la pequeña.
Mi hija mayor está escribiendo un libro titulado The Sun and the Moon’s Magic, y estos son algunos de los personajes que en otros momentos se ocupan en dibujar y diseñar. Es graciosísimo, el libro es mezcla de lo que leemos (Princess and the Goblings, Los héroes de Kingsley, Alicia en el país de las maravillas) con su imaginación. Ella me dicta (porque escribo más rápido), y en otros momentos escribe también, y se encarga de la publicidad. Quiere poner carteles en la biblioteca, mandar emails y cartas por todo el barrio, y anunciar que el libro se publicará en Noviembre en Amazon, ja ja ja. Por el momento sigue en ello y quizá la ayude y se lo publiquemos, no sé si primero será publicación casera, pero por el momento se entretienen ambas por horas con sus sueños y diseños.
¿Qué más? Pues no mucho. Veraneo, no tenemos. Mi marido acumula los días para irnos cada dos o tres años a unas vacaciones largas a Europa. En Texas hace muchísimo calor. En Houston no se camina. No hay autobuses. Bueno, sí, a 15 minutos de coche y te sueltan en el centro, sin paradas, donde tendrías que cojer otro tranvía interior para ir a ciertos puntos. Vamos, que esto no es Nueva York ni nada que se le parezca, y para visitar domicilios o destinos precisos, o tienes coche, o es imposible viajar.
Por eso nos remojamos en la piscina del barrio cuando podemos, y vamos de visita o recibimos a amigos para jugar, salimos a la biblioteca o las tiendas de libros usados, vamos a correos a poner unos paquetes de las ventas de libros (que hasta eso hay que hacerlo con coche), hacemos juntos recados como la compra semanal, y ahí es donde caminamos en el súper, y poco más. Aunque es cierto que salen actividades improvisadas, y las semanas vuelan. Por eso ya comenzamos con nuestro siguiente curso, aunque vamos lentas y sin prisas, sólo le hemos metido un poco el diente a los libros nuevos.
Hoy que tenemos dentista, procuraremos visitar el parque santuario que está cerca. Ayer fuimos a clases de piano, que no las paramos en verano, y los miércoles y domingos tenemos clases bíblicas. Estos tres meses estamos ambos, Steve y yo, al cargo de las clases. Él los miércoles da la clase de la mayor, yo los domingos la de la pequeña, y es algo enriquecedor que nos mantiene ocupados.
El tema en el que estamos en estas clases bíblicas es Jesús y su vida. Y estamos estudiando el nacimiento de Jesús,  los mitos y de la información añadida (como los nombres de los reyes magos, que no aparecen en la Biblia, ni el hecho de que fueran tres (supongo que pensamos en tres porque fueron tres los regalos ofrecidos); O los reyes adorando al niño en el pesebre, cuando lo único mencionado es que ellos vieron la estrella del Este en el firmamento el día del nacimiento de Jesús, y emprendieron el viaje en ese momento, llegando a visitar a Jesús después del nacimiento y no sabemos cuántos días, semanas, o meses más tarde). El 25 de Diciembre tampoco es una fecha que aparezca en las Escrituras, y el motivo del nacimiento de Jesús, tampoco es algo que se nos diga que haya que celebrar de ninguna manera, sólo su resurrección es algo que explícitamente está escrito en las Escrituras, que es lo que celebraron los cristianos desde el establecimiento de la iglesia de Cristo cada semana, partiendo el pan y tomando el vino en su memoria. Es por eso que no nos encontraréis en Navidad poniendo pesebres ni yendo a celebraciones especiales en ninguna iglesia, y por la misma razón que nos veréis cada Domingo celebrando la resurrección de Cristo nuestro Señor, participando de la comunión, recibiendo o impartiendo lecciones, escuchando sermones, haciendo música con nuestro corazón (es decir, cantando con nuestras voces sin más ni más, como los cristianos hicieron por cientos de años hasta que alguien tuvo la idea de introducir instrumentos en el culto).
Por eso en casa podéis oír estos días Noche de paz. De hecho, la mayor se imprimió una partitura de Noche de paz y la practicó dos semanas al piano hasta que le salió estupenda. Ayer no se la quiso mostrar al maestro de piano. En fin, es su decisión.
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