¿Qué será, será?

Mis dos hijas y una de sus mejores amigas han creado un personaje de cómic, Twig, una niña traviesa de pelo pincho. También tienen a Stick, su hermana de ojos saltones, y a Curl, que tiene rizos, claro.
Se pasan horas dibujando diferentes historias. Twig en la heladería, Twig en navidad, (sí, aunque estemos en Junio), y cuando están las tres juntas hacen las viñetas combinadas.

 

A veces me pregunto qué será de esta amistad, y de esta pasión que tienen por ahora por dibujar cómics. También pienso hasta qué punto les beneficiará el no haber tenido que vivir sujetas a notas, calificaciones, exámenes desde muy pequeñas, y pruebas constantes. Doy gracias a Dios porque hoy por hoy gozan de muchísimo tiempo para perseguir sus talentos y para soñar, hacer y deshacer planes de futuro. Porque han tenido ambas unos siete años (algo menos la pequeña que todavía no los tiene cumplidos) de jugar, jugar, jugar, viajar, salir a parques y excursiones, dibujar, inventar, crear, tramar, gozar, leer (escuchando o leyendo ellas mismas), cocinar, ver, probar… Llevan ya casi siete y casi nueve años sin que nadie les haya dicho que tal o cual asignatura se les da mal o bien, o que van por encima, por debajo, o al nivel en tal o cual materia.
Hubo una época, cuando estaba más aferrada a seguir un programa semejante a las escuelas, en que me preocupaba oir a mi hija mayor diciendo que odiaba las matemáticas. Fue dejar de aprenderlas de una manera rígida, y abordarlas de otra diferente, y hoy por hoy le encantan. ¿Porque algo no se nos de genial, estamos destinados a odiarlo? El rechazo no es de la asignatura o conocimiento en sí, es el disgusto y la decepción que nos llevamos y que vamos acumulando cuando no alcanzamos unos niveles estipulados por otros antes de haber desarrollado cierta confianza en las capacidades de uno, y antes de haber conectado con la maravilla que es aprender de todo un poco. Son esos niveles y comparaciones los que nos hacen creer que algo se nos da mal. Donde sea y como sea que hayamos optado por educar a nuestros hijos, es bueno que analicemos con honestidad si esta motivación y creatividad que todos tenemos está cuidada y fomentada, o si está sufriendo ataques serios. Nunca es tarde ni imposible subsanar daños, ni poner un final a situaciones o prácticas nocivas. En mi caso mi hija tardó muy poco en desarrollar este gusto por las matemáticas. A su ritmo. Y nos sorprende. También nos muestra su gusto por la lectura autónoma. Con la hermana es ahora muy fácil. Ella no tiene ninguna idea preconcebida de que nada se le dé mal ni bien, su motivación es contagiosa.
Las personas tenemos preferencias, pero como digo, no debiéramos en absoluto odiar nada de lo que está frente a nosotros esperando ser descubierto. El que no se me de la fotografía tan bien como a tal o cual persona, no es óbice para no tratar de hacer mis pinitos en ese campo. Si me pusieran notas, o me estuvieran comparando frecuentemente con otros, seguro que me habría cansado ya, o nunca le habría tomado el gusto. Una de las razones de más peso por la que los niños y adolescentes no leen, es porque la relación con la lectura a lo largo de su vida escolarizada es de obligación, no de placer. Es claro que cuanto más presionamos, menos rinden los niños. Y los adultos somos iguales, por eso trato de encontrar la belleza en actividades cotidianas, para que se vaya esa nube de obligatoriedad, y aparezca esa poesía y arte que hay en todo lo cotidiano.
Twig termina poniendo unos polvos explosivos en el helado, y nadie sale herido,
sólo helado por los aires y eso sí, los pelos de todos aún más alborotados.
Estos días estamos con el cuarto libro de Laura Ingalls, On the Banks of Plum Creek. En este libro es donde conocerán a Nelly Olson y también donde Mary y Laura comienzan a ir a la escuela. Mary es menos campestre que Laura, más estudiosa. Antes de ir a la escuela le gustaba ya ponerse ella a leer un poco con su madre, a escribir, y a coser también. Laura, siempre que puede, está al aire libre. Cuando ambas van a la escuela por primera vez, Laura no “sabe” leer, pero pronto se da cuenta de que puede juntar sonidos, C-A-T, y leer “cat”, y le toma el gusto rápidamente. Esto ya con unos siete años. Lo mejor de la escuela para Laura sigue siendo el recreo. En las clases dominicales, se asombra de que la maestra, al ser la más pequeña, le deje de tarea memorizar versos bíblicos cortísimos, cuando ella dice podía memorizar pasajes, y recordaba canciones enteras de las que cantaba su padre con el fiddle cuando tenía tiempo y humor.
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s