Docilidad y Autoridad

El capítulo tercero de School Education, el volúmen II de la obra de Charlotte Mason, se titula Docilidad y autoridad en el hogar y la escuela.

Charlotte Mason nos habla de errores cometidos sobre los principios, es decir, muchos padres sobre todo en tiempos antiguos, creían que hay una virtud oculta en la acción arbitraria de parte del padre, y que es por el bien del niño hacer aquello que se le manda, cuanto más difícil lo que se le manda (y gratuito), mejor enseña a obedecer.

Hoy en día esto ha cambiado. Hoy en día estamos hablando de finales del diecinueve y  comienzos del siglo veinte, pero sigue siendo cierto, a pesar de que aún pueda haber culturas y religiones donde hay padres o familias en las que abunda este principio de normas arbitrarias sin sentido, algunas tan horripilantes como el que LAS NIÑAS NO VAN A LA ESCUELA, que se obedecen PORQUE LO DIGO YO Y BASTA.

Y una de las razones por las que me encanta esta mujer es porque se expresa así:

And yet how wise this good mother is when she trusts to her own instinct and insight rather than to a fallacious principle:– “I find in giving any order to a child, it is always better not to look to see if he obeys, but to take it for granted that it will be done. It is best never to repeat a command, never to answer the oft-asked question ‘Why?’

Y qué sabia esta buena madre es cuando confía en su propio instinto y experiencia en vez de en un principio falaz. –“He comprobado que al mandar algo al niño es mejor no mirar si obedece, pero dar por hecho que lo hará. Es mejor no repetir un mandato, nunca contestar la tan repetida pregunta, ‘¿por qué?

La educación que propone Charlotte Mason no está de moda, sin embargo ha sido válida y lo seguirá siendo porque está fundamentada en la propia naturaleza humana. Ella no fue madre y sin embargo tenía esa posición privilegiada de observador externo, el amor por los niños y los padres, y el deseo increíble e incansable de dotarnos a los padres, en especial a las madres, con los mejores conocimientos y herramientas para criar y educar a nuestros hijos.

Y muchos os diréis… mandatos a los niños, ¿cómo? Ya no se lleva hablar de órdenes en la familia, ni de mandatos, claro. Sin embargo todos se echan las manos a la cabeza cuando hay total carencia de normas y disciplina. La palabra disciplina ya hasta suena mal. Lo bonito es libertad, ausencia de restricciones (que también suenan a represión). Pero es que la verdadera autoridad libera. El niño se siente seguro en las normas que sabe no son ARBITRARIAS o materialistas, que no provienen de una autocracia egoista, o despotismo de adulto para hacerse la vida fácil a él, o pensando en el bienestar de una futura sociedad al modo industrial, sino que promueven la formación de la autodisciplina, otra cosa que o se desprecia, o se entiende mal. Porque si los individuos crecieran sujetos a esta autoridad no arbitraria ni materialista, entonces es cuando podríamos decir que el mundo sería un lugar excelente. Lo individual no es sinónimo de individualista en el sentido de trepar por encima de otros para dominar. El individuo respeta y asume la responsabilidad que conlleva la autoridad, el individualista se erige como déspota. Es cuando un individuo se entiende desde la biología, desde el materialismo, que lo convierte en animal, despojado de conciencia moral y de la existencia de lo inmaterial (valores, fe, sentimientos), que son propios de aquella persona o individuo que busca lo mejor para la familia y comunidad en tanto que no existen individuos sin los colectivos de los que forman parte.

La autoridad diferente a la autocracia. Así continúa la Sra. Mason. El centurión en las epístolas bíblicas le dice a Jesús, yo también soy un hombre bajo autoridad. Digo a un soldado ve, y va, a otro ven, y viene. Él tiene la seguridad de que sus órdenes son respetadas, porque él mismo es un sirviente con determinadas obligaciones que cumplir. Al igual que nuestro Señor, que vino, no a hacer su voluntad sino la del Padre.

La autocracia por el contrario, deriva el poder de sí mismo, es un pedir sin someterse uno mismo diríamos. Todos sabemos esto porque como adultos es el decirle a los niños que hagan esto, no hagan lo otro, que coman esto o no coman lo otro, y por otro lado estar haciendo lo que nos place y descuidando nuestras obligaciones abusando de nuestra posición de poder (el ser los padres). Los niños también como nosotros, tienen esta tendencia a ser autocráticos, como personas que son. Es lo que comunmente llamamos tomar manga por hombro.

La autoridad, prosigue Charlotte Mason, no es ni dura ni indulgente. Tan sólo escuchad qué bellamente se expresa de nuevo:

Authority is neither harsh nor indulgent. She is gentle and easy to be entreated in all matters immaterial, just because she is immovable in matters of real importance; for these, there is always a fixed principle. It does not, for example, rest with parents and teachers to dally with questions affecting either the health or the duty of their children. They have no authority to allow children in indulgences– in too many sweetmeats, for example– or in habits which are prejudicial to health; nor to let them off from any plain duty of obedience, courtesy, reverence, or work. Authority is alert; she knows all that is going on and is aware of tendencies.

La autoridad no es dura ni indulgente. Es gentil y accede a súplicas en cuestiones inmateriales, justamente porque es inamovible en cuestiones de verdadera importancia; para estas siempre hay un principio fijo. No descansa, por ejemplo, en los padres el derecho a jugar con cuestiones que afectan la salud o el deber de sus hijos. No tienen autoridad para permitir que los niños sean indulgentes — en demasiados dulces, por ejemplo– o en hábitos que son perjudiciales para su salud; ni dejarles que se zafen de cualquier simple deber de obediencia, cortesía, reverencia o trabajo. La autoridad está alerta; sabe todo lo que ocurre y está al tanto de las tendencias en los niños.

Aquí la Sra. Mason nos dice que ocurre a veces que la verdad está del lado de los niños y no de los padres, y entonces es cuando tenemos que ceder gentilmente y despedir a los pequeños rebeldes, como los llama, brillantes de amor y lealtad. En lenguaje moderno, a los niños les llena de orgullo y satisfacción, y lealtad hacia los padres el saber que los padres admiten que sus hijos estaban en lo cierto.

Continúa diferenciando la obediencia mecánica y obediencia razonada. La obediencia mecánica Charlotte Mason la compara un poco a la gimnasia, viene inmediatamente. Dice que algunos critican que el que se ha acostumbrado a obedecer mecánicamente ha perdido pues su voluntad como agente libre, pero Charlotte Mason no considera que se pierda la libertad, porque la obediencia mecánica es necesaria. Es importante que tengamos respuestas rápidas primero hacia la voluntad de otros, luego como respuesta a nuestra propia voluntad, esto nos hace maduros. Esta obediencia únicamente es insuficiente. La obediencia razonada también ha de ser desarrollada, es la respuesta a la voz de la conciencia.Es cuando obedecemos lo bueno y reusamos lo malo, conscientemente y voluntariamente, porque es la voluntad de Dios que así lo hagamos.

El esfuerzo de decidir, o de tomar decisiones. Decidir es un acto complejo y difícil. La mayoría de decisiones en el día las hacemos involuntariamente, como hábito, guardando la energía para aquellas que la requieren. Aquí Charlotte Mason critica a padres intencionados que dejan del lado del niño muchísimas decisiones que deberían ser tomadas por los padres, porque dejan a los niños exhaustos. Todo punto de la rutina del día es discutido, nada viene con la facilidad reconfortante que da la rutina; cuando se ofrecen múltiples opciones en el día, el niño se agota.

Por otro lado no se puede abusar de la autoridad, o sería autoritarismo. Según Charlotte Mason, no es recomendable contestar al niño categóricamente cuando quieren saber el porqué de cada orden o mandato, los padres sabios van hacia el medio camino. Forman hábitos para que las rutinas ocurran de forma agradable, y si una situación excepcional trae una nueva regulación explican las razones para la misma, y siempre existe la razón “porque es lo correcto”, y la autoridad no da causa a la ofensa. La autoridad está alerta y emplea la prevención. Por ejemplo, “deberíamos tener tiempo suficiente para terminar este capítulo antes de que el reloj dé las siete”. Es importante darle tiempo al niño para que se ponga atento en los momentos decisivos.

La autoridad es un aspecto del amor que los padres presentan a sus hijos. Los padres saben que es amor porque es un continuo negarnos a nosotros mismos, sacrificio y autocontrol. Los niños la reconocen como amor porque para ellos significa descanso y alegría de corazón. Algo que debemos preguntarnos es ¿quién nos otorga esta autoridad?

Para mí como para Charlotte Mason, la respuesta es clara, la autoridad proviene del Señor. Lo que está bien y mal no es gratuíto ni circunstancial, sino objetivo. Si exterminar 3 millones de judíos está radicalmente mal, es porque existe un código externo al hombre, una moralidad objetiva, no relativa al momento o a un grupo determinado de personas. Si es un acuerdo entre hombres nunca podríamos juzgarlo como intrínsecamente malo.

Podría seguir con un tema que da para mucho. Así como parece que Charlotte Mason es una figura autoritativa en el mal sentido de la palabra, como una persona con mano de hierro, recordad que los NIÑOS de sus escuelas la amaban con locura. Ella les proveía de amor en un marco de seguridad proveniente de la autoridad que desplegaba siendo la primera que se acogía a los principios y normas de conducta que esperaba de los propios alumnos y profesores. Ella no era ni dura (lo cual inspiraría temor por no saber cuál iba a ser la arbitrariedad bajo la que iba a juzgar tu conducta), ni indulgente (que iba a pasar por alto cualquier cosa sólo porque son niños, o adultos inexpertos, y hay que hacer la vista gorda). Hoy en día sigo oyendo que hacen falta los premios y castigos, que hay que ponerse duro con los niños, o lo contrario, que hay que aceptarlo todo, y ser algo así como una red salvavidas y alguien que no juzgue o imparta consecuencias cuando cometan errores, como si eso fuera la definición de amor incondicional. Amor incondicional es amor sin condiciones, es decir, que tu opinión de alguien no va a ser menos por el hecho de que te defrauden o caigan bajo ellos mismos.

Los humanos somos libres. Dios nos ha creado libres. Los padres pueden ser abusivos o responsables. Los padres responsables no son perfectos, nadie lo es. Pero aquel que se esfuerza por criar bien a sus hijos ya hizo lo que tuvo y pudo hacer. Dios ni nadie garantiza éxito. ¿Qué es el éxito en la crianza y educación? Tengo una gran amiga que fue puesta por su propios padres, su propia madre, en manos de una red de prostitución de menores, y ella y sus hermanas fueron violadas. Mi amiga tiene un marido de ya 23 años de casados, dos hijos, y en su casa no hay abusos. A ella le han quedado secuelas, como es normal, pero tiene una vida que diríamos ‘normal’. Y conozco a padres, recuerdo tanto unos amigos de los míos, con un hijo y una hija, y el varón en la adolescencia, como ser libre que fue, frecuentó amistades y lugares que le metieron en el mundo de la droga y murió. Y no recuerdo personas tan amables, cariñosas y trabajadoras como los padres de ese muchacho. La hermana al ver cómo las amistades destrozaron a su hermano, más se abstuvo y no corrió la misma suerte que rompió el corazón de sus padres. ¿Fracasaron los padres de este muchacho? ¿Tuvieron éxito los de mi amiga?

Por eso, estéis o no de acuerdo con todo esto, cada uno seguiremos con nuestros valores y principios a la hora de educar a los niños y criarlos. Y el tiempo dirá, no lo bien o mal que lo hemos hecho, sino que cuando tomen sus decisiones se verá qué es de sus vidas, y no cabe duda que nuestra influencia mientras somos sus padres y viven bajo nuestra tutela puede y será determinante. Eso sí podemos hacer, que nuestro tiempo cuente lo máximo posible, equiparlos lo mejor posible para tomar sus decisiones importantes de acuerdo al código moral que nos rige a todos.

Pero el tener los principios claros no quiere decir que todo siempre sea fácil y vaya sobre ruedas, simplemente nos facilita el trabajo un poco y nos mantiene en constante introspección de cómo estamos actuando, y nos invita a mejorar donde sabemos que es necesario.

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