¿Un manual para la vida?

Hace unos años me llamó mucho la atención la llamada filosofía del decrecimiento, y hoy por hoy sigo viendo los principios expuestos en esta filosofía como válidos y relevantes. Es una llamada a no consumir indiscriminadamente, y a crecer en aquello no material, como en cultivar relaciones, aprender, y decrecer o simplificar en lo material, como en gastos, posesiones…

También tuve otro momento de interés por el menos es más, que Carl Honoré nos propone en sus libros Bajo presión, y Elogio a la lentitud. Esta idea es la que podríamos oponer al concepto de vida rápida, fast life, con su comida rápida, fast food, y todo lo demás. Y hay que decir que esta lentitud no es sólo un cambio de velocidad, (alguien puede realizar actividades lentas o vivir despacio pero tener una mentalidad de vida rápida, y al revés, podemos hacer algo rápido, pero no sometido a prisas…), es un concepto, un acercamiento a la vida que yo llamo poético, y que toda lengua registra en algunos refranes y dichos como el de stop to smell the roses, parar a oler las rosas.

Unido a esto, hoy por hoy me interesa mucho explorar lo que identifico como la cultura de la búsqueda y presunción de un manual para la vida. Cuando escribí en inglés sobre problemas y soluciones, o dije que no quería ver la vida reducida a esta dicotomía, sino como un viaje poético, no estaba pensando en ningún problema en concreto. No estoy hablando de problemas y soluciones como proceso interno de crecimiento, sino como un constructo moderno que se ha convertido en una prisión para el hombre moderno. Creo que lo de identificar problemas y buscar soluciones se ha vuelto un esquema de razonamiento castrante, una manera prevalente y a veces única de entendernos y entender el mundo que nos rodea.

Ayer mismo Marina me recordaba este pasaje:

Romanos 5:3–8
Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; 5 y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado. 6 Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. 7 Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. 8 Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Sin ser creyente uno puede apreciar la belleza de la Biblia como muestran estos versos, y ver que nos habla desde un registro muy diferente al de querer resolver todo, evitar el dolor, esconder la muerte y la enfermedad… No es coincidencia que la Biblia no contenga la palabra problema ni solución, si bien nos habla de problemas y soluciones, pero no al estilo moderno, no tipo manual. A mi entender, el método científico ha permeado en áreas de nuestro ser y vida que no debieran explicarse ni expresarse en términos de problemas ni soluciones, sino vivirse poéticamente. Los procesos y leyes que regulan la materia, no son lo mismo que aquello que mueve al hombre. Me niego a definirme como un conjunto de células, como un conglomerado de procesos químicos o eléctricos, como una simple combinación de genes, por sofisticada que sea, no me pueden reducir a la expresión de una herencia, ni siquiera de un ambiente que me ha condicionado… Si soy todo aquello mencionado, soy todo aquello Y MUCHO MÁS. Porque soy una persona. Sí, ya sé que tengo un cuerpo, pero poseo un alma, un intelecto. Y tengo libre albedrío. Soy misterio y poesía. La ciencia no puede explicar quién soy. Dejémosla para lo que está y hace bien, pero no la violentemos aplicándola a todo lo cotidiano. Si nos instaláramos y nutriéramos el dominio de lo poético, no necesitaríamos blogs, manuales, libros, fotos, expertos, consejos, y demás, para las tareas poéticas del día a día.

Nos enfermamos y queremos soluciones. Esperamos que, con la medicina apropiada, el doctor correcto, ciertos pasos que demos, nos curaremos por completo. Bueno, no digo que no debamos ir a doctores y buscar respuestas, o que no debamos aspirar a curarnos y estar sanos, digo que tenemos una idea simplista de que si hacemos lo correcto, comemos lo adecuado, tomamos la medicina apropiada, seguimos equis pasos, nuestra vida será perfecta.

La verdad es que es alarmante todas las personas que reducen todo a la nutrición. Ante lo que consideran problemas de conducta, problemas de salud, problemas emocionales, la solución parece residir en una nutrición correcta. Y si no obtienen los cambios que habían previsto, buscan otra dieta, otra medicina, otro libro con una lista de pasos concretos que seguir y que un día de estos, nos llevarán a superar todo lo problemático. Falsa ilusión de que siguiendo determinados pasos todo mágicamente será feliz, exitoso, y perfecto. Y¿quién sabe?, igual salimos en la radio, televisión, o escribimos entonces nuestro propio blog o libro contando nuestra historia del antes y el después, dando nuestros consejos, y compartiendo nuestras listas y método con los demás. Nutrirnos adecuadamente es importantísimo, pero la respuesta a todos nuestros males no está en suprimir el gluten, o el azúcar, o la carne roja…Repito que una nutrición adecuada es fundamental, pero no hay dieta ni método milagroso que nos transforme con sólo seguir los pasos indicados.La historia moderna puede verse como el relato de la psicosis por transformarnos en el otro que vemos en las revistas, televisión, internet, cuando ni siquera nos hemos molestado por conocer quiénes somos y el valor que tenemos. Un valor no observado ni medido con el método científico, ni con los parámetros modernos de belleza, dinero, éxito o estatus.

Hoy en día hasta la espiritualidad nos la venden en píldora, o en tamaño publicación de bolsillo, en manual para bobos, o en ebook. ¿No nos habla la Biblia también de nutrición? Anda, claro que sí. Conozco a quienes, tras la lectura de las escrituras infieren que uno ha de ser vegetariano como Daniel, otros que siguen con la prescripción de animales limpios o sucios que Dios diera a los judíos mediante Abraham. De nuevo, apelo a vuestra inteligencia para que recordéis que lo que digo va más allá de criticar las dietas. Nosotros seguimos unas coordenadas, una dieta si quieres, vaya… nuestro doctor de medicina NAET que tanto nos ha ayudado, también sigue otras. No escribo para regodearme en mis opiniones ni para criticar a otros por las suyas.

Tengo mi propia teoría, faltaría más, ja, ja, ja, de por qué una dieta como la de paleo, o una dieta sin gluten, o sin lácteos ni azúcar, etc., funcionan. (Véis, palabra de nuevo de la ciencia y mecanicidad). Y, curiosamente, este fin de semana en la peluquería, mientras cortaban el pelo a mi esposo, leí en una revista justo lo que venía pensando, que estas dietas nos empujan a comer sano. No soy la primera en observar esto. Las dietas que suprimen un elemento que está presente en casi todas las comidas empaquetadas y restaurantes, nos obligan a cocinar más, y con alimentos frescos, lo cual nos insta a comer frutas, verduras, legumbres, carnes no rojas, y pescados, todo alimentos con minerales y vitaminas muy necesarias y positivas. También cambia hábitos familiares. Al tener al niño o a nosotros a dieta, tenemos que cocinar o tener comidas sanas, como digo, listas con regularidad. Y la consistencia en comer a nuestras horas es tan ventajosa como el qué comemos.

Hace un par de días, con la vista frente a un blog con fotos estupendas de la autora y su familia, diseño clavado, botones anunciando otros blogs o productos atrayentes, me decía:

¿Qué hago leyendo o curioseando un blog como éste? El blog susodicho contenía información semejante a esta sin exagerar: 50 pasos para mejorar tu matrimonio, 20 pasos para educar a tus hijos, 10 libros de no sé qué… Creo que gustaba precisamente de esa idea de numeración decreciente, 50, 30, 10, 5, o algo así. Ni me preguntéis pues no deseo volver a sacarlo en pantalla. Las entradas o posts típicos de ‘un día malo’, otros contándonos sus éxitos con la dieta paleo, la de salud y energía que tenían ahora todos, otro listando los logros de un día o semana cualquiera. Hablando de productos, de consejos. No podía faltar además un libro estilo devocional para amas de casa, literatura muy prolífica en mi país de adopción. Este tipo de literatura es el reflejo de esta visión del mundo como si la vida tuviera un manual o instructivo, y nuestro objetivo en ella fuera encontrarlo. Muchos de nosotros nos sentimos validados contando al mundo nuestros problemas y soluciones, haciendo de ellos un manifiesto en forma de blog, libro, o manual, con el que otros se identifican y en el que se pierden a la hora de aplicar nuestra vida reducida a receta, a las suyas reducidas a ingredientes. Es algo que todos hacemos de vez en cuando. Todos somos, imagino, hijos del momento. Pero me pregunto ¿por qué hay tantos blogs de ese tipo?, ¿por qué los leemos?, ¿qué tipo de persona se siente inclinada a leer tanto blog que nos va a explicar a vivir nuestra vida tan exitosamente como la propia autora o autor del mismo?, ¿verdaderamente ayudan o inspiran?, ¿es este el tipo de ayuda que necesitamos?, ¿necesitamos ayuda alguna?

Todos queremos vivir mejor, y no nos damos cuenta de lo bien que YA vivimos, o de todo lo que YA tenemos y somos. No voy a ser tolerante y decir que las listas y la organización, etc. están bien. ¿Por qué? Estoy escribiendo, espero, para un público adulto que comprende lo que es la crítica. Como dice Jacques Barzun, la crítica es un modo de acción. Es más fácil enfadarse con lo criticado o el criticante, que tomar la crítica como enriquecimiento, sin ofensas ni quejas. Incluso en el caso de no estar de acuerdo con cualquier crítica, ésta siempre ayuda a ver dos formas de pensamiento donde antes sólo había una (también palabras de Barzun). Dicho esto, mi crítica abre una brecha en esta manera de entendernos y vivir ligada a horarios, organización, consejos, dietas, devocionales, libros de autoayuda, manuales para el éxito, y demás bestias, (aplico sentido literal, eh).

Hace un tiempo, le tengo una guerra intelectual y espiritual declarada a todo aquello que ofrece números, consejos, soluciones, listas… Blogs, libros, foros, conversaciones, etc, en los que preguntamos hasta la saciedad, analizamos al centímetro, respondemos febrilmente dando pelos y señales de cómo hacemos en nuestro caso y casa, de cómo nos ha, nuevamente la palabrita, funcionado tal o cual dieta, tal o cual solución, tal o cual programa. Mira que yo he sido la primera en contribuir con escritos del tipo cinco cosas…, diez libros… tres consejos… Y aquí es donde podría uno decir, postmodernamente, bueno, las listas y consejos están bien…. Pero no seré yo, porque no le voy a poner vaselina a la crítica para suavizarla. Claro que  tenemos listas y las utilizamos, sería idiota (además de imposible), el aspirar a suprimirlas. Mi propuesta (que no consejo) es positiva, no sólo positiva como entusiasta, sino contraria a la negación, es una afirmación, porque se enfoca en cultivar nuestra visión y pensamiento poético (ya os contaré más sobre esto). Para ello, algo clave es identificar todo aquello que compone esta cultura de ver y vivir entendiendo a las personas como productos, resultados; cultura en que hablamos de nosotros reduciéndonos a poco más que un experimento de laboratorio en el que medir, pesar, cuantificar, y apuntar resultados, y en función de estos resultados o los que otros comparten, modificar los elementos, y buscar otra combinación que nos dé un resultado mejor, diferente.

¿Un manual para la vida?

No. Gracias.

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