Aprender a leer

A mí esto es algo que ya no me quita el sueño. Con mi hija mayor, ahora de 8, sí me tenía más ocupada. Cuando decidí no llevarlas al colegio, al estar otros niños en párvulos, primero y segundo, entre 5 y 8 años de edad, y que la vida escolar consiste en gran parte en lectura, las letras, los sonidos, las sílabas, los libros, los niveles, la fluidez, la comprensión, la escritura, y las matemáticas, era algo que tenía siempre en mente.

Antes de todo esto, los temas de interés para madres eran la introducción de comida sólida, que si gatea, que si duerme bien, que si camina… luego que si ya dice unas palabras, oraciones, que si las habilidades psicomotoras, que si juega bien con otros niños, o usa una cuchara y tenedor en las comidas. En el parvulario son los colores, los números, los días de la semana, los meses y estaciones.

Desde luego que hemos montado una bien gorda. Hemos pasado de no poner nombre a los niños, y no hacer gran caso a los pequeños, debido a la gran mortalidad y las condiciones de vida precarias, al polo opuesto donde les ponemos tanta atención que ya nos inventamos síndromes, enfermedades, expertos, escribimos libros, blogs, y montamos cursos, academias, gimnasia mental, Baby Einstein…

Pero estaba hablando de aprender a leer. Pues mi hija mayor ya lee, y la pequeña también. Final de la historia. En serio. Con la segunda he estado tan campante. Ella sóla comenzó a querer escribir cosas y así ví que aprendió sóla las letras. Hoy por hoy, como leer es algo que en casa hacemos, pues ella quiere un tiempo conmigo en que nos sentamos juntas, leo algo yo, y otro poco ella, y así veo cómo va tomando práctica. Pero con ella no he hecho nada tanto como con la mayor, con quien sí me puse más a fondo a que siguiera tal o cual programa de lectura fonética, etc. Si bien lo que mejor le funcionó también, fue eso de leer junto a mi.

Claro que cada niño es diferente. Hay niños a los que les gustan estos programas fonéticos que se basan en la repetición. Hay niños que aprenden a leer muy pronto y les gusta más leer independientemente que incluso escuchar a un adulto o a otro niño leer. Otros niños no quieren en particular leer sólos y están perfectamente felices con uno leyéndoles, hasta que crecen y comienzan a buscar esta actividad por cuenta propia.

 

En la educación en casa tenemos madres y padres que consideran una obligación, sobre todo con su primer hijo, el comenzar instrucción activa en estas llamadas tres erres (lectura-reading, escritura-writing, y mates-rithmetic), como hice con mi hija mayor. Pues si bien sabía de Charlotte Mason y escribía en el blog que no había prisa, que lo importante era cultivar las relaciones, que pasaran tiempo fuera observando, cuentos orales, poemas, canciones, etc., siempre tuve esa inquietud de querer enseñar estas disciplinas, no vaya a ser que se me atrase la niña, o no vaya a ser que, por hacer homeschooling, de vaga la madre, y de perezosa ella, no vaya a leer hasta los 12 años. Y luego están los padres que, o bien por pasotas, o bien por inteligentes y calmados, no le ponen énfasis a la lectura en sí misma, vista así de modo miope. Como estos padres son curiosos y están en constante aprendizaje, sin querer o queriendo, proveen a sus hijos de un entorno y ambiente en el cual los padres mismos leen para sí o en voz alta, o piden los niños incluso que se les enseñe a leer, y aprenden por consiguiente a leer a la edad a la que tienen que aprender, bien sea pronto o más tarde. Así es como me encuentro frente a mi hija pequeña. Osea, que he tenido la suerte o desgracia de, al tener dos hijas, poder ejercer dos papeles, o jugar dos roles diferentes, de Señorita Rottenmeyer y de Hippie. ¿Con cuál me quedo? Con una mezcla tirando más a lo despreocupado, indudablemente. Pero siento decir que no sé si podría alguna vez haber llegado al segundo papel sin haber pasado por el primero.

Los niños que aprenden más tarde, según he oído, en ocasiones avanzan muchísimo en pocos meses. Y lo he oído de John Taylor Gatto, por ejemplo, que dice que había niños en cuarto o quinto curso que aprendían a leer en unos meses con esos programas fonéticos tan inservibles para ellos cuando tenían 5 o 6 años y que a una edad madura, parecían captarlo al minuto. Y lo he escuchado decir a Ruth Beechick, que en las clases de recuperación de verano, en vez de instrucción fonética a palo seco, simplemente les leía a los estudiantes, lo cual les hacía aumentar su vocabulario, y aplicarlo después a sus capacidades lectoras, y sobre todo, sembrar amor por los libros y la motivación de quererlos leer, en vez de retrasarlos con ejercicios repetitivos y libros nimios enfocados en la fonética hasta la saciedad. Y lo he visto cuando daba clases, que había niños que ellos solitos llegaban a la lectura. He visto a otros aburridos y enfadados por la instrucción individual para la lectura. Y a otros a quienes esa instrucción les hizo bien porque estaban preparados y requerían de un poco de atención para terminar de descifrar el código de la lectura.

Recordemos que aunque el aprendizaje es ciertamente auto aprendizaje, y este ocurre en la edad adolescente y adulta mediante la lectura, son muchos años antes de esta etapa en que tienen que, primero aprender poéticamente (viviendo), y segundo mediante las ideas en libros vivos que nosotros podemos leerles y que ellos pueden narrar.

Lo crucial es conocer al niño. Es lo que digo siempre. Y tener paciencia y fe. No hay que agobiarle, ni tampoco dejar pasar oportunidades de enseñarle o proponer, ¿por qué no? Confieso que tengo un poco de alergia a lo de actividades no dirigidas, o aprendizaje no dirigido. Cuando oigo eso pienso en un avión en piloto automático, no sé por qué. Tonterías conceptuales mías. Ahora que también le tengo alergia a la palabra dirigido, vamos, que tampoco soy conductora de ninguna orquesta ni mucho menos piloto de aviones. Sólo me pregunto, ¿qué pasó con la palabra proponer, ofrecer? Ah… estamos escondiendo nuestros motivos y proyectando nuestras expectativas tan enfermizamente, que para abandonar esta conducta retorcida que más que proponer es aplastar, manipular, tenemos que obligarnos, (algunos, eh), a ‘no dirigir’. Hemos abusado (algunos, repito), tanto de nuestras propuestas que parece que es necesario dejar al niño en paz con sus propias opciones. Y que conste que me ha pasado.

Aprender a leer es un asunto de espacio y confianza.
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