Una pequeña reflexión

En el carnaval de homeschooling propuse este tema, aquello más costoso y lo más satisfactorio del homeschooling. De eso trata esta reflexión.

Para mí, en los pocos años (que a veces parecen una eternidad) inmersa en esto de educar sin colegios o escuelas, los que más me ha retado ha sido, paradójicamente, toda la libertad de la que dispongo y el no tener que dar cuentas a nadie de lo que hacemos. Sí. Curioso. Es también lo mismo que más satisfacción me da, la bendición mayor de este modo, no sólo de aprendizaje o enseñanza, sino de vida.

Decimos (o digo), que un vicio es la otra cara de una posible virtud. Por ejemplo, el ser obstinado, si se canaliza correctamente, resulta en la habilidad de perseverar. El ser tímido o reservado, contiene un potencial de concentración y observación que puede dar frutos maravillosos para aquel que así es y quienes le rodean. El ser muy bocazas nos puede, al meternos inexorablemente en problemas, convertirnos firmemente en personas que valoran y nutren la prudencia.

Pero a lo que voy. En esto de educar en casa, me he sentido sóla, caminando por una ruta desconocida. No porque no haya muchas personas alrededor con quienes comparto esta opción, que conozco a muchísimas en la realidad real, o la realidad virtual. Digo sóla vitalmente. Soy la primera persona en mi familia que ha optado por esto, carezco por lo mismo de un referente familiar. Más que eso, la falta de referente no es sólo en cuanto a la educación de las niñas, sino en cuanto a vida matrimonial, crianza en general, valores y creencias, ya que las nuestras son diferentes a las de mis padres, lo cual le ocurre también a mi esposo. Y el transitar algo desconocido, tantas primeras veces para casi todo, aunque parezca y sea liberador y emocionante, también es una responsabilidad que pesa. Entender algo racionalmente, no es garantía de que tu corazón lo sepa vivir con gracilidad o espontaneidad. Las cosas más simples pueden curiosamente resultar exóticas por ignorancia no intelectual sino vivencial. Por ejemplo, dar el pecho. Que con sinceridad hoy por hoy no me dice más ni menos de ninguna mujer el que lo haya hecho o no. Pero sabemos intelectualmente, científicamente si queréis, que es lo mejor para el bebé. Y me digo que lo ideal es que toda mujer tuviera al menos una memoria cultural a la que agarrarse,, si no en nuestras madres, en una tía, o prima, o vecina… Pero yo no tuve a nadie cerca de mi familia, que, aunque parezca una tontería, es algo importante para las personas. La ubicación generacional, las raíces, la pertenencia. Tuve libros, amigas, grupos de apoyo, eso sí,… y no deja una de sentirse en soledad. Lo mismo con muchos otros temas, del cual, el más prominente es sin duda el homeschooling.

Estar de vez en cuando en el grupo minoritario queda hasta bien, te da estilo. Vivir con el síndrome de explorador amazónico, es cansado. A veces he fantaseado con ser una mami más típica o del montón. Y no creáis, del montón soy, pero la rarita del montón, vaya.

Claro que no debiera sentirme sóla, es quejarme por gusto (pie del que cojeo), porque Él siempre está a mi lado. Pero por momentos me olvido de su presencia, y es cuando todo esto me viene muy grande.

Recordad que las familias homeschoolers no tenemos el constreñimiento de los horarios, pero no siempre tenemos la seguridad y orden que nos brindan. Podemos seguir un poco o bastante los horarios de las familias que escolarizan, pero aún así, un lunes por la mañana, o viernes a mediodía, pueden ser iguales que un sábado por la tarde, o un martes de madrugada. En casa ya nos hemos adaptado más a esto de ser nuestros propios dueños del tiempo y opciones, y lo que a veces fuera una dificultad, se vuelve una gran ventaja. Si necesito recorrer las cortinas y desenchufar el teléfono, lo hago. Si tengo que decir que no a propuestas de quienes nos preguntan o piden esto o aquello, dado que ven que estamos en casa aparentemente disponibles, digo que no porque el no tener compromisos inevitables no implica que tengamos que sacrificar nuestro tiempo libre por cualquier tema que puede esperar. Al contrario, nunca estoy tan ocupada que no pueda recibir una visita, o hacer hueco para cuidar las relaciones con otros, con Él, con los míos. Si veo que necesitamos más salidas, o tenemos visita de familiares o amigos, nos dedicamos a disfrutar de todo ello al máximo porque podemos permitírnoslo. De hecho esta libertad vital es algo que hemos aprendido a valorar y que, como digo, lo que pudiera ser un inconveniente, se convierte en bendición.

Respecto a lo académico, la libertad de no tener que compartimentarlo en las mismas asignaturas que las escuelas, ni repartirlo en los mismos días y horarios de las mismas, y no tener exámenes obligatorios y constantes, también da algo de vértigo, no creáis. Por momentos te entra un pequeño nudo en el estómago. Pasajero, eso sí. Pero te da la sensación de que no estás ‘yendo por buen camino’. ¿Será posible que a nuestro aire los niños vayan a tener éxito en la vida? Luego uno se para y dice, vaya, ¡ni que llevarlos al colegio sea garantía de felicidad, éxito, una vida digna, un trabajo bueno! ¿Qué es un buen trabajo? ¿Qué es el éxito?¿Qué es una vida digna? ¿Acaso no tienen los niños todo esto ya, desde pequeños?

Toda esta libertad pone en tela de juicio nuestra mente y nuestros prejuicios. El homeschooling, no es primera ni finalmente school at home. Personalizar esta opción, sentirte cómoda con ella, disfrutarla, es todo un reto, y a la vez, es lo mejor de todo esto, una gran alegría, una fuente de satisfacción enorme.

¿Qué le diría a quien empieza o se lo plantea? Sólo esto, que el tiempo invertido en informarnos, ver qué método emplear, qué actividades perseguir, cómo organizarnos, etc. no consuma el tiempo empleado en disfrutar de quienes somos. Que con tanto hacer no se nos olvide el ser, sin preámbulo alguno, y, sobre todo, sin preocupación. Con fe. Y que podamos decir que vivimos plenamente, en vez de decir que hacemos homeschooling. Ese vivir incluye gozar, compartir (que es como únicamente se enseña algo), explorar, acometer, soñar, asombrarnos, llorar, reflexionar, leer, crear, cantar, alabar, creer, reir,… Y nosotros lanzamos al mundo la afirmación de que para todo esto no nos hacen falta, ni nunca lo han hecho, escuelas ni colegios.

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