Los domingos

Los domingos vamos a la iglesia. Es un tiempo muy especial. En la mañana nos levantamos sin prisas. Es gracioso, la iglesia empieza a las 9 y media. Vivimos algo retirados de nuestra congregación en particular. Media hora en coche. Aún así, salir a las 9 de casa es un regalo. Mi marido se levanta siempre a las 6, y yo con él a prepararle el desayuno y comida (bueno, esto más que nada es sólo ver que no le falta algo de acompañamiento a lo que se lleva del día anterior, o preparar una pequeña ensalada o huevos cocidos que compartir con una lata de atún).

Pues lo dicho, nos levantamos sin prisa. Steve suele poner alguna carne al horno y programarlo para que la comida nos espere lista de regreso, y también nos suele cocinar avena para desayunar. Ya listos llegamos a las 9 y media a  un estudio bíblico de 45 minutos de duración. Luego un pequeño descanso, y comienza ya la hora de lo que es el sermón y el culto. Y por la tarde, a las 6, volvemos otra hora más.

Los miércoles también asistimos a una hora de estudio bíblico.

Son 4 horas como mínimo a la semana en los asuntos del Señor. Las cuatro mejores horas aprovechadas en mi vida. El crecimiento es personal, uno ha de continuar por cuenta propia, pero este pequeño tiempo nos dá un norte, una referencia, algo mínimo a qué agarrarnos y de lo que tomar impulso para continuar con nuestros estudios, nuestra oración, nuestro crecimiento en la cristiandad y en lo perteneciente a Él.

La verdad es que somos afortunados de tener una congregación que discierne las Escrituras y sabe de la importancia de la verdadera hermandad, que no es un gesto voluntario o cuando apetece, sino algo ordenado por nuestro Señor, el no faltar a la asamblea, el exhortarnos unos a otros, el alabarle juntos, estudiar la Palabra juntos, los mayores o más viejos en la fe enseñan a los más jóvenes o nuevos en la fe. Hay otras oportunidades, como un estudio bíblico al mes que hacemos entre mujeres, los hombres tienen el suyo, o las dos veces al año nos juntamos un viernes para pasar hora y media cantando himnos de alabanza, una vez cada tres meses, en casa de alguno de nosotros, recibimos al resto de las familias en un estudio bíblico familiar.

En nuestro grupo de cristianos no hay bombos ni platillos (ni literal, ni literariamente). Digo esto porque no hay instrumentos de ningún tipo, mucho menos bandas, rock & roll como algunas iglesias en determinadas denominaciones, ni nada por el estilo. No tenemos programas de ayuda personal, ni de entretenimiento. En las aulas y el auditorio hay biblias e himnarios, y materiales simples de toda la vida, cómo no. Últimamente podréis ver a personas con iphones o ipads leyendo en ellos su Biblia, también contamos con un proyector donde leer letra y música de las canciones, y donde a veces el predicador muestra un power point de su lección.

Pero al igual que el aprender es algo a lo que uno se acerca por interés intrínseco y personal, a Dios uno se le acerca cuando siente necesidad, no estamos para cazar personas con trampas, sino para pescar almas con la proclamación simple y llana del mensaje, de La Palabra. Una congregación o una iglesia local no son lugares para suplir nuestras necesidades físicas ni emocionales, sino donde llenar nuestra carencia espiritual, y sobre todo, donde cumplir con nuestro cometido cristiano, es donde vamos a cantar, a aprender, y a alabar a Dios. Y por ende, cuando uno se somete a Dios libremente, Él nos cuida, y a la vez que suplimos nuestra sed espiritual, nuestras necesidades emocionales y físicas también Dios nos las cubre, a su tiempo y con su entendimiento, no el nuestro. Pero lo prioritario y necesario es sólo aquello espiritual, porque Jesús no vino para ayudar al pobre, ni para sanar al enfermo, tampoco para ser rey de este mundo, vino a perdonar los pecados y a posibilitarnos con su sacrificio en la cruz la vida eterna si así lo deseamos. Y esa Verdad lleva consigo riquezas inmensurables, Él es el Gran Doctor, el Rey de los Cielos.

El domingo es por tanto el día reservado por Él para la comunión, como nos lo transmitió en el Nuevo Testamento, y cualquier otro día que los elders o ancianos de cada congregación determinen, como en nuestro caso el miércoles, pasa también a tomar importancia prima, dado que como digo, no se debe faltar a la asamblea, y cualquier oportunidad de estar aprendiendo de Él debe ser abrazada con total seriedad, sin carácter optativo.

A veces me preguntan que por qué voy TANTO a la iglesia o a cosas relacionadas con ella. Y yo me digo que por qué voy TAN POCO, ya que si más días hubiera asignados, más fácil sería asistir, y no tener que continuar sóla cuando es tan agradable y beneficioso estar en comunión y hermandad con otros cuyo propósito vital es único y el mismo, servir a Dios.

Al ser seres sociales, también disfrutamos gratamente en nuestros hogares y fuera de ellos, de nuestra compañía y la de otros en fiestas, celebraciones, u ocasiones diversas, pero como digo, todo esto es nuestra propia iniciativa, la iglesia no tiene entre sus funciones la de ser un club social.

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