¿Se debe insistir?

Hace unos días pensé que sería buena idea escuchar el libro de Five Little Peppers and how they grew en audio. Por mi cumple, entre otras cosas, me regalaron ese cassette que conectas en el coche por un lado, y al mp3 player por otro, y escuchas mediante la megafonía del auto. Eso es lo que pretendía que hiciéramos como hemos hecho en otras ocasiones con libros como el de La casa de la pradera, o Mary Poppins, que encontramos en la biblioteca narrados con encanto.

Pues mi hija mayor aseguraba que NO, que ese libro no le gustaba y punto… con paciencia y negociación, le dije que me dejara poner al menos los dos primeros capítulos, y en el viaje o de ida, o de vuelta, el otro viaje el mp3 sería todo para ella, como lo ha sido desde que se lo regalamos hace unos meses por su cumpleaños.

Pues ponemos la historia, y ya vamos por el capítulo 8. Pero lo mejor, volviendo del parque, a unos 5 minutos en coche… sí, no me digáis vaga, es que no hay aceras en Houston, y hasta para eso hay que ir en coche. Volviendo del parque, digo, me insistían ambas, “mami, mami, Five Little Peppers and How They Grew, pleeeeaaaase!

Piano. Mi hija mayor comenzó con clases hace cuatro meses. A la segunda o tercera clase, empieza a protestar, que si es muy difícil, que si no puedo… frustración a cada momento de práctica en casa conmigo a su vera… Pero sin falta, en toda ocasión, tras un poquito de práctica, logra sacar la cancioncita, o dar el ritmo, los números, ahora su batalla es cantar las notas. El hecho es que le dije que diera lo mejor de ella misma, que el profesor no la va a decir nada por no llegar a todo de primeras, sólo practicar un poco y listo. Bueno, ahora resulta que piano está muy bien, y que no es problema. El problema es… HEBREO.

Mi amiga lleva un año con su hija estudiando hebreo y generosamente, nos ofreció clases gratuitas una vez a la semana en un aula en su congregación. Así que pagué un set de libros para cada niña, y ahí vamos, las tres a clase. En esta segunda clase, la misma historia. Que si me quiero desapuntar, que si no me gusta.

Con paciencia (que no sé de dónde me sale, no creáis), escucho sus quejas pero también las ignoro bastante. Pasan uno o dos días, y saco los libros, que de hecho tienen actividades majas. Mi amiga es una maestra chapó. Además de estos libritos, nos pone Génesis leído por un hombre con una voz magnética, el capítulo primero, los primeros 8 versos, y cada día cazamos una palabra. El primero fue Elohim, o Dios, el segundo día ja mallem (lo escribo como suena), las aguas… y los libros tienen ejercicios de recitar en voz alta sílabas y palabritas,  escribirlas, colorear, etc. Pues el viernes estuvimos tan ricamente con ellos, porque el hebreo es en parte un jeroglífico, es divertido, hasta nosotros adultos debemos aprender el vocabulario nuevo y todo eso. El libro está salpicado con datos culturales de interés.

Y puedo seguir así con muchas otras cosas… lecturas, actividades, comidas. ¿Hasta donde insistir y cuándo dejarles a su aire y no apuntarles a lo que no quieren? No tengo la respuesta, eso el padre o madre quizá lo sepan mejor.

Yo insisto en lo que me parece que merece la pena, que tiene valor, en lo que no insisto es en que les tenga que gustar o emocionar al mismo nivel que a mí, o en que tengan que echarle horas y horas y dominar completamente lo que estén haciendo.

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