Mitología, cuentos de hadas y religión

Como siempre, hace poco surgió una conversación interesantísima en el blog de María. Si algo tienen muchas mamis homeschoolers y sus hijos es que no sólo buscamos y encontramos libros vivos, dato importante, también los LEEMOS.

Hace un tiempo encontró Paloma un libro de mitología que tenía muy buena pinta por varias cosas, escrito a mediados del siglo diecinueve y ya en el dominio público, La mitología contada a los niños… de Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber y Larrea).

Nosotras no comenzamos con el libro de Fernán Caballero, porque en la mina invaluable de las sugerencias de Ambleside, los dos libros de mitología recomendados para este año en segundo son los de Nathaniel Hawthorne, El libro de las maravillas (Wonderbook for girls and boys), y Cuentos del bosque frondoso, o Cuentos de Tanglewood. El primero ya lo leímos y fue fascinante.

La narración entre historia e historia de los libros de Hawthorne se puede sentir quizá algo larga para los más pequeños, pero las historias mitológicas cautivaron a mi hija que tenía siete años largos cuando lo leímos hace unos meses, y captaron la atención intermitentemente de la de cinco.

Hay familias cristianas que no leen libros de mitología por la misma razón por la que no leen cuentos de hadas, porque la magia, la mitología, o leyendas, suponen una contradicción con sus creencias. Lo respeto. El tachar de dogmáticos a quienes piensen así es igualmente un acto de ignorancia. ¿Cuántas personas desconocen las historias bíblicas a su vez? Porque la Biblia, incluso para el que no la contempla como la Palabra revelada de Dios, es reverada por todo hombre culto como fuente inestimable de conocimiento, de interés filosófico y moral y de relevancia histórica.

En nuestro caso creemos en la veracidad e inspiración de las Escrituras. Para nosotros la Biblia no contiene mitos sino recuento de hechos verídicos. Cuando leemos mitología la leemos como lo que para nosotros es, leyendas y explicaciones del universo y del hombre pensadas por otras culturas y en otros tiempos. Y los cuentos de hadas como lo que son, fantasías que constituyen un puente a nuestra realidad y que contienen la riqueza de la cultura occidental. También leemos cuentos y leyendas del oriente.

No vemos ningún conflicto, puede haber diferente opinión, pero sabemos que el mito es mito. Hércules, Pandora, son leyendas, pero la curiosidad, el espíritu de inconformidad, de querer aquello que se nos ha vetado y dejar que esas ansias por algo insustancial nos ahoguen nuestro gozo de todo lo que podemos disfrutar en el presente, el ánimo de superación y la fortaleza física y emocional son bien reales. De las actitudes y aptitudes de estos personajes y del desarrollo de estas leyendas y cuentos aprendemos enormemente. Al igual que de la historia de reyes y naciones sacamos nuestras conclusiones y comparaciones con la historia de los reyes bíblicos, en la mitología y cuentos de hadas hay elementos comunes a la historia y a las Escrituras, es el contexto y la mezcla de esos elementos lo que nos dá la pauta de si estamos ante una leyenda o un recuento histórico.

Autores como Chesterton y C.S. Lewis entienden la lectura de fantasía y mitología como un acto que sólo viene a reforzar nuestras creencias, que nos muestra la maravilla de lo cotidiano. Coincido con ellos en la realidad y la necesidad de la fantasía y la imaginación. Para muchos la imaginación y fantasía no necesita de la magia, cuentos de hadas, o mitología para existir. Volvemos al primer punto de respeto y particularidad. Cada familia, cada persona, gravitará hacia sus autores y lecturas favoritas, unos restringen las lecturas al terreno de la no ficción, o ficción realista, otros abrazan todo, magia, mitología, leyendas, ficción, realismo… la mayoría tenemos nuestras preferencias y un sistema intricado y personal de elección.

La mitología, cuentos de hadas, y las historias bíblicas, al margen de lo que supongan para cada persona, tienen en común que son parte de nuestro acervo cultural. Abrir la caja de Pandora, perseguir una quimera, poseer fuerza hercúlea, emprender una labor titánica, trabajar como una cenicienta, ser un Juan sin miedo, tener la paciencia del santo Job, dar un beso de Judas, tener sabiduría salomónica, sentirse como David frente a Goliat…

Claro que hay cuentos de hadas y cuentos de hadas, mitos y mitos, la Biblia misma y otros recuentos bíblicos, no todos ellos de la misma calidad o relevancia para cada uno de nosotros. Se puede clasificar desde el punto de vista de quién haya escrito el libro, y también de qué historia se trate.

En cuanto al primer criterio, para nosotros, los cuentos de hadas de las versiones de la tradición oral que recopilaron los hermanos Grimm, los cuentos inventados y narrados por Andersen, las versiones tradicionales contadas por Perrault y las selecciones escogidas por Lang, presentan en conjunto un panorama rico y satisfactorio.

En cuanto a mitología, nuestro favorito es Hawthorne, seguido por Cynthia Rylant, y D’Aulaire. Para la Odisea y la Iliada, antes de que lleguen las niñas a una edad para acometer los originales, el libro de Padraic Column es otro de mis favoritos. Y en cuanto a las historias bíblicas la Biblia misma es lo que leemos y recomendamos, aunque también usamos con agrado la Biblia recontada por Vos en tres volúmenes que nos gusta porque es muy fiel a las Escrituras, con versículos y capítulos de donde proviene la historia, y que nos da una perspectiva narrada que no reemplaza, sino que complementa la lectura de la Biblia.

Según el segundo criterio, de qué mitos, cuentos de hadas, e historias bíblicas leer, nosotras de las escrituras TODO. Los niños toman lo que están preparados para tomar, preguntan lo que les inquieta, dejan el resto para después.

De mitología, los mitos y leyendas para niños los mitos escogidos por los autores mencionados, según crecen y les interesa, sé que irán leyendo TODOS también. Es como las fábulas de Esopo. Leímos la selección de Milo Winter quien pensó en los niños. Algunas fábulas de Esopo no son indicadas para un público infantil, ni tampoco del agrado de todo público adulto.

De los cuentos de hadas, lo mencionado. En particular Lang. Lang recopiló historias, por ejemplo, en su Blue Fairy Book, recopiló siete historias de los hermanos Grimm, cinco de Madame d’Aulnoy, tres de Las noches de Arabia o las Mil y una noches, y cuatro leyendas nórdicas entre otras fuentes.

Les debemos mucho a Perrault y a Lang, a pesar de que tienen algunas versiones adulcoradas y al gusto de la época de algunos de los más famosos cuentos de los que existen versiones orales más ancestrales y genuinas. Si no fuera por los esfuerzos de investigación, recopilación y publicación de estos autores, no tendríamos recuento de cientos y cientos de cuentos y leyendas populares. Son, en otras palabras, enciclopedistas de la tradición popular o si se quiere, los wikipedia del tiempo de antes de los ordenadores. Sí, cuando leímos la Cenicienta de los hermanos Grimm, nos sorprendió, no sabíamos que había todo aquello del espíritu de la madre merodeando sobre la tumba, o lo de sacarle los ojos a las hermanastras… pero la versión de Perrault es rica, literatura francesa de corte en su máximo auge. Él tenía que ganarse el pan, y su versión tachada de adulcorada si la comparamos con la de los Grimm, despliega un lenguaje que muchos niños desgraciadamente no han oído y que ya quisieran los cuentujos que venden por ahí para niños con dibujos de Disney y qué se yo. No necesitamos escoger entre estos grandes maestros, leámosles a nuestros hijos de todos ellos además de versiones de otras culturas y aprendamos disfrutando.

El enfrentamiento no es Grimm contra Perrault, o contra Lang (el cual incluye versiones de ambos en su colección de cuentos de hadas), o cuál es el que nos dá la versión más genuina o antigua de cada cuento, el atentado real contra la literatura viva que nos regalan estos genios es el que les planta a los tres el terrorismo de las versiones cinematográficas y ediciones de pacotilla, si es que son éstas las únicas que conocemos.

En cuanto a la magia, precisamente este es el mes en que se celebra Halloween. Muchos simplemente lo ven como una ocasión al año más para pasar un buen rato en compañía, preparar algunos aperitivos, decoraciones, disfraces. Es para muchos el mes de decorar calabazas, de pedir dulces el 30 disfrazados por las casas, de ir a fiestas, de ver películas de miedo. Otros entran más de lleno en ritos y rituales centrados en el origen pagano de la fiesta, con énfasis en la magia y ocultismo.

Nosotras disfrutamos del otoño, de las manzanas, calabazas, camas de hojas secas en las que jugar. Ya fuimos a nuestra visita anual a una granja colindante con un laberinto de maiz real y divertidísimo, en plena luz del día. Pronto iremos de acampada aprovechando que entra un poquitín de frío, y podremos tostar esponjas-bombones-marshmallows para ponerlos en una galletita con un pedazo de chocolate en los famosos SMORES, y asar patatas al fuego, o, como hoy, comer fuera en el patio carne asada en la barbacoa. El otoño es nuestra estación del año favorita.

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