Primer día de escuela

Hoy los niños y jóvenes de Houston tuvieron su primer día de colegio o escuela. Las pasadas semanas me ví sin darme cuenta llevando a cabo una pequeña encuesta improvisada, porque a todo niño o joven que veía en la iglesia, en el barrio, etc. me dio por preguntarles si estaban deseando o recibían con entusiasmo la llegada del primer día de colegio. Tan sólo los niños de párvulos o Kinder están llenos de emoción porque comienzan, como los mayores, EL COLEGIO con mayúsculas. Sobre todo aquellos pequeños, los únicos en casa en la familia, están ansiosos por ir a un lugar con otros niños.

No sólo los niños. Adultos sin preguntarles otra cosa que ¿cómo está tu nieta?, por ejemplo, me contestan que los niños lo llevan mal por los deberes. Me dicen que lo gracioso es que LOS DEBERES SON DE COSAS QUE SABEN HACER, y les digo que quizá ese sea el problema, que por qué tienes que repetir cosas que ya sabes, y si no las sabes, ¿cómo se espera que hagas los deberes?

Me da vergüenza. Porque he sido profesora y me he llenado la boca diciendo que los niños tenían que hacer los deberes, que nosotras no podíamos enseñar todo si no trabajaban en su casa, (esto después de 8 horas completitas en el colegio, sin contar el tiempo de viaje y el que necesita un niño para comer y descansar). Y les mandábamos con paquetes de deberes llenos de hojas ya desde segundo, pretendiendo que los trajeran completos a la vuelta de las vacaciones, o con varias hojas de un día para otro, lo cual no ocurría en la mayoría de los casos, y seguíamos con el lamento de que así era imposible que llegaran a aprender todos los objetivos necesarios para el año.

Más vergüenza aún me da el admitir que me parecía lo más sensato separar a los gemelos como una maestra veterana me explicaba, no sea que estén en la misma clase y claro, pasen juntos todo el día perdiéndose así de socializar y jugar con otros niños 8 horas como es debido. Con suerte se verán 20 minutos en el recreo, a parte de las 4 horas diarias en casa con sus padres y los fines de semana en que inevitablemente estarán de nuevo unidos. Prefiero ni contar lo que opinaba respecto a repetir curso. Que si algunos niños no estaban emocionalmente preparados para el siguiente curso, otros en cuanto a conocimientos. No conozco otra idea más fascista que la de repetir curso, y más inhumana que la amenaza de repetir curso para producir mejora en el alumno.

Para nosotras hoy comenzó por el contrario nuestra OCTAVA semana de escuela. No contamos las semanas ni los meses como ‘escuela o no escuela’. A pesar de que seguimos un programa, la intensidad y los ritmos van y vienen solitos. El verano es demasiado caluroso en Houston. El otoño es nuestro verano. En un par de semanas, cuando todos estén en plena jornada estudiantil, comenzará Steve a coger días aquí y allá para hacer excursiones a la playa, visitar a algunos amigos, salir al parque, y también seguir estudiando a nuestro ritmo.

Tanto mi marido como yo coincidimos en que ambos no esperábamos con gusto el primer día de clases. Los veranos eran placenteros, llenos de sol, piscina o mar en su caso, partidas de cartas, las meriendas y comidas preparadas por mamá, salidas al aire libre, noches largas en la plazoleta comiendo pipas, fiestas en la piscina, fiestas improvisadas en la calle, algunas tardes de ‘cine’ en casa de algún amigo que proyectaba una peli en su vídeo incluso vendiendo entradas y palomitas para la ocasión. ¿Quién quiere volver a jornadas largas con deberes, exámenes que causan ansiedad en muchos de nosotros, resumenes obligados de plomazos de libros, cosas que memorizar y soltar en el exámen, profes sargentos algunos de ellos, castigos comunes e injustos, compañeros que se meten contigo, y asignaturas que a unos u otros no se nos dan nada bien y con las que sufrimos con sudor y lágrimas?

Aunque en japonés, curiosamente este salón de clases o aula es muy
semejante a la que conocí por 6 años. 24 niños sentados y un maestro
con la rutina de la hora, el día del mes y de la semana, contando en voz alta,
haciendo preguntas y los niños levantando la mano para contestar.

Hoy me levanté a las 7 menos cuarto, las niñas a las 7 y media por voluntad propia. Limpiamos arriba escuchando a Mike Oldfield. Recogieron el cuarto por iniciativa propia. Esto no es nada imposible ni utópico. Es la consecuencia natural de la convivencia, el sentirnos parte del hogar, de vivir juntos.

Pues las niñas se vistieron y bajamos a desayunar. Justo cuando terminamos e íbamos a abrir un libro llamó mi hermana porque por teléfono porque me iba a pasar sus datos para comprar a las niñas un piano digital. Qué lujo de tía tienen estas enanas. Terminado el asunto, bajamos y leímos David y Batshiba, un poco de Understood Betsy, un poco de Little Duke, (con narraciones sin mucho entusiasmo la mayor y con más ánimo la pequeña la que ni siquiera tiene que darlas), leímos también un poema de Walter de la Mare, practicaron su escritura, comimos, leyeron juntas en la cama, y en un ratito iremos a la piscina, que como estará abierta hasta finales de agosto pero ya han vuelto al cole los niños, debe estar aún más vacía de lo que ha estado en el verano al menos hasta que vuelvan de la escuela,  y eso que tampoco ha estado muy concurrida a las horas en que la hemos visitado.

En la tarde leeremos un poco de Doctor DoLittle y quizá del Libro de las maravillas de Hawthorne y haremos alguna lectura o práctica de mates, o puede que las dejemos para mañana después de nuestro paseo semanal por el parque protegido que tenemos cerca con unos amigos.

 

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