Citas de Charlotte Mason


Cuando digo que querría citar y traducir todo el libro de Towards a Philosophy of Education no exagero. Pero como me es imposible os dejo al menos con esto:

Volumen 6, páginas 89 y 90

But knowledge is delectable. We have all the ‘satiable curiosity’ of Mr. Kipling’s Elephant even when we content ourselves with the broken meats flung by the daily press. Knowledge is to us as our mother’s milk, we grow thereby and in the act of sucking are admirably content.

Pero el conocimiento es deleitable. Todos nosotros tenemos esa ‘curiosidad saciable’ del elefante de Mr. Kipling (se refiere a una de las historias de Kipling del libro Precisamente Así, o Just So Stories) incluso cuando los adultos nos contentamos con los pedazitos de carne que nos tira la prensa diaria. El conocimiento es como la leche materna, crecemos por y mediante el acto de extraer el cual nos proporciona una satisfacción admirable.
 

The work of education is greatly simplified when we realize that children, apparently all children, want to know all human knowledge; they have an appetite for what is put before them, and, knowing this, our teaching becomes buoyant with the courage of our convictions. We know how Richelieu shut up colleges throughout France, both Jesuit and secular, “in order to prevent the mania of the poor for educating their children which distracts them from the pursuits of trade and war.” This mania exists with us, not only in the parents but in the children, the mania of hungry souls clamouring for meat, and we choke them off, not by shutting up schools and colleges, but by offering matter which no living soul can digest. The complaints made by teachers and children of the monotony of the work in our schools is full of pathos and all credit to those teachers who cheer the weary path by entertaining devices. But mind does not live and grow upon entertainment; it requires its solid meals.

El trabajo de la educación se simplifica enormemente cuando nos damos cuenta de que los niños, aparentemente todos los niños, quieren saber todo el conocimiento humano; tienen un apetito para lo que se les pone delante, y, sabiendo esto, nuestra enseñanza se revitaliza con la fuerza de nuestras convicciones. Sabemos cómo Richelieu cerró universidades en Francia, ambos de jesuítas y seculares, “para prevenir la manía de los pobres de educar a sus hijos lo cual les distrae de los asuntos del comercio y la guerra.” Esta manía existe en nosotros, no sólo en los padres sino también en los niños, la manía de las almas hambrientas reclamando alimento, y nosotros la asfixiamos, no cerrando escuelas y universidades, sino ofreciendo substancia que no hay alma viva que la digiera. Las quejas hechas por los maestros y niños de la monotonía del trabajo en nuestras escuelas dan pena y tienen mérito aquellos maestros que animan el camino fatigoso mediante artimañas para entretener. Pero la mente no vive y crece en el entretenimiento; requiere de comidas sólidas.

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