¿Por qué educo en casa?

Leyendo un artículo escrito por Brandy a colación de nuestro club de lectura sobre el libro Conocimiento Poético, escribe que sus razones iniciales para educar en casa han cambiado y coincido en que nosotros también comenzamos como REACCIÓN. Reacción al ambiente que viví en las escuelas de niños que deambulaban con caras de aburrimiento como almas penitentes, basado en entretener y distraer, en verlos ocupados y sentados, que busca hacerlos trabajar, producir, luchar por un grado o el resultado mejor, con castigos y premios, que utiliza libros insípidos, métodos obsoletos, actividades mecánicas, monótonas, un mundo de maestros que no leen por placer, abrumados con papeles y burocracia, acosados por padres que necesitan oir que sus hijos son la octava maravilla, que no pueden llevar a casa menos que un cien, o por otros que ni siquiera saben qué hacen sus hijos en la escuela, donde cualquier exposición a literatura, arte, música de calidad se rechaza por aburrida y se invalida porque se piensa que las fuentes de saber y nuestro legado no es suficientemente “hip”, divertido, que los niños no van a recibirlo con gusto, bueno, qué decir, ni siquiera se plantea desde los que deciden el “temario”. Un mundo donde se opta por una versión rápida y superficial de todo, hechos externos, inconexos, y transmitidos mediante rollos soltados por los maestros mezclados con alguna que otra actividad manual que da la sensación de “estar haciendo” algo. Las escuelas reducen la educación a algo tan ínfimo, que podríamos decir que el fracaso y la desmotivación de los estudiantes es la mayor prueba de su éxito.


El día que substituí en una clase de quinto de niños que había tenido en primero, recuerdo que escribí una carta a mi hija de por qué no quería que ella estuviera en una situación semejante. Aquellos niños curiosos, vivos, que encontré en primero con tanto conocimiento poético, intuición, capacidad de asombro, amor por el mundo y por aprender, se habían convertido en muchachos con esta niebla de la que habla Berman en The Twilight of American Culture, desganados, completando exámenes para prepararse para el TASK. Niñas que me preguntaban por mi embarazo, porque de eso quieren saber, de la vida, niños que escuchaban Alicia en el País de las Maravillas que les leía (porque siempre hice un poco lo que me “dió la gana”, ya que estaba en una situación en que no tenía nada que perder). Niños que, desgraciadamente se metían en líos jugando su rol de molestón, o peleón, o hablador, que se quejaban, molestaban, se distraían (¿cómo no?, yo era la primera que casi me dormía en esas tardes anodinas de repaso o de lectura de libros de texto que son un somnífero que ni te cuento). Sonaba la campana y se iban desganados a la siguiente clase.

Pero hoy por hoy educo en casa por razones PROACTIVAS. Porque quiero que mis hijas y nosotros alcancemos el DELEITE, como dice Brandy, no el entretenimiento. El entretenimiento está basado en uno mismo, el yo es el dios que demanda le entretengan, le diviertan. En el deleite el yo es pequeñito, ínfimo, humilde ante el asombro y la admiración del mundo creado por nuestro Señor. En el deleite no se trabaja, no es que digamos cuán difícil disfrutar de una puesta de sol, o de la buena música (sigo traduciendo libremente lo escrito por Brandy). Pero pasa el tiempo y no es que uno no trabaje, o que adquiera conocimiento científico de las cosas (que es lo opuesto al poético), el conocimiento científico nace del conocimiento poético, del amor por algo, por una idea que nos mueve, como fue el caso de muchos científicos de renombre que nunca perdieron ese amor del principiante. Y es el que nos lleva a trabajar duro para vivir una vida en la que podamos disfrutar de la buena música, compañía, atardeceres, y todo aquello que nos apasiona.

Por eso pienso que cuando los niños han ido al colegio por muchos años, una vez sacados del sistema que está pensado para que trabajen y produzcan sin deleite, no funciona nada el ponerlos a “trabajar o con los libros” al modo científico (analizar, estudiar de modo fragmentado, acumular hechos e información para un exámen). No sé cuanto tiempo lleva para cada niño que vuelva a reconectar. Puede que tenga que comenzar de cero con ese conocimiento pasivo, intuitivo, ese amor por las cosas que es el conocimiento poético. Y los padres necesitamos nuestra cura. El que este conocimiento sea pasivo no quiere decir que sin hacer nada se adquiera. Bien por el contrario, hay tantos niños desahuciados y sin esperanza, pasivos delante de un televisor, sin nada que hacer, rodeados de miseria, pobreza mental e inmundicia. Nuestra función es la de inspirar, cultivar el ambiente que los rodea (ojo, cultivar no es controlar).

Por eso los padres que tenemos hijos que nunca han ido al colegio, creo que nuestra visión es un poco distinta. Vemos que tienen este conocimiento poético, y este amor por diferentes aspectos de la vida, estas ganas e ideas, pero en nuestro interior sabemos que hay algo más, que como dice Taylor, los griegos sabían que después de este conocimiento los otros tienen que hacer su aparición porque complementan. El orden es la música, el arte, la gimnasia primero, (la unión con la cosa misma, la imitación, el amor) y la ciencia después (la disección, el porqué, el fraccionamiento, el conocimiento de manera utilitaria, que tiene su lugar, pero no como comienzo). Y es por ello que algunos de nosotros insistimos en que este conocimiento necesita madurar con una disciplina, un orden, esfuerzo y trabajo, sí, trabajo. Claro que el trabajo de un niño de cuatro años no es el de un niño de doce. El niño de cuatro, cinco, seis años, necesita estar en contacto con las COSAS, no con la abstracción de las mismas que son las PALABRAS. Su “trabajo” es JUGAR y cooperar en las tareas domésticas. El de un niño de doce  aún no sé en qué consiste porque como digo es diferente si ha ido al colegio o no, y que desarrollo tenga, si tiene necesidades especiales o no, pero idealmente conlleva estudio independiente, autónomo y disciplinado (mediante lecturas sobre historia, ciencia, biografías, y literatura, investigación de temas, escritura, estudio de las matemáticas, dibujo, apreciación musical y preferentemente práctica de algún instrumento (no tienen que ser Mozarts, pero practicar ayuda a apreciar la música), desempeño de actividad física, continuar colaborando con las tareas domésticas, quizá desempeñar algún trabajo (cuidar niños, voluntariado, cortar el césped) y tiempo para sus hobbies, por supuesto. Parece mucho, pero quizá porque lo pensamos con nuestra mente moderna de que tiene que ser todo a un nivel alto, virtuoso, pero no todo es todos los días o el mismo mes, se deben alternar las actividades y tener unos tiempos mínimos en la medida de lo posible.

Me disculpo si suena como que los colegios no valen para nada, y yo que educo en casa soy perfecta. Esto no se corresponde con lo que siento, pienso o defiendo. Siempre siento la obligación de añadir la famosa coletilla… no todas las escuelas son así, también hay familias que educan en casa que controlan, que no educan a sus hijos en la libertad, que no les tienen confianza, que reproducen el modelo de las escuelas… No estoy hablando de todas las escuelas ni de todas las familias. Estoy hablando de por qué educo en casa, de lo que ví en las escuelas, y de aquello a lo que aspiramos en mi familia. Hemos escogido deleite frente a entretenimiento, conocimiento poético frente al conocimiento científico, educar en casa en vez de en la escuela, eso es todo.

 

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