Sobre disciplina, matemáticas y otros asuntos de interés

 A comienzos del año le dí al libro un buen empujón, pero en Febrero admito que me desinflé. Y es que no se debe ir tan aprisa porque luego viene una parada en seco. Eso en teoría lo sé bien, pero el ritmo se me dispara y como toro voy detrás del capote para luego caer patitas arriba desplomada. Así que me he vuelto a impulsar pero piano piano, y gracias a los ánimos de Marina, Karla, y personas que siguen pensando que debo seguir escribiendo el libro sobre la educación en casa, lo retomo con mucho juicio, con ganas.

Y ahora, antes de irme a escribir, quisiera comentarle un poquito a Marina y a todos sobre matemáticas y disciplina. Uno de los asuntos que más nos ocupan a quienes educamos en casa, es el manejo de las llamadas “asignaturas”, que en realidad no es más que el cómo encaminar el aprendizaje.

Llevarse la escuela a la casa no es lo que aconsejo. Suele traer muchos dolores de cabeza, porque las escuelas proceden con todo su sistema y mecanismo de refuerzo y recompensa de los comportamientos que buscan, y en casa los niños pronto desenmascaran varios de los sinsentidos como el de tener que trabajar una plana de quince problemas sabiendo que los pueden resolver. Tener que estar una hora escribiendo una redacción, y cambiar porque tocó la campana, incluso si quieres terminar tu trabajo escrito. Los exámenes tan recurrentes tampoco tienen sentido en el hogar donde no tenemos que mostrar a cada rato las “notas” porque tenemos recolección extensa y detallada de por dónde van los niños. Además la belleza de la educación en el hogar es eso, que no es una réplica de los colegios, es un proyecto orgánico, bello, particular, que nos cambia a todos y que cambia todo, una ocasión única de reinventarnos, descubrirnos, crecer y aprender juntos en el entramado de nuestras creencias, principios, valores, vivencias, pasiones y aficiones.

Pero educar en la casa sin tener unas metas, sin inspirar ni preparar, sin reflexionar sobre qué y cómo entendemos la educación tampoco lo recomiendo. El niño requiere de nutrición para su cuerpo y su mente también necesita alimento. Al igual que le damos una dieta lo más nutritiva posible, con ciertos caprichos y excepciones, pero con desayuno, comida y cena diarios, el intelecto prospera o se acartona dependiendo de si le damos una dieta rica y nutritiva, sin faltar las comidas diarias o si le tenemos a base de tentenpiés y alimento inconstante. Pero alimentar el intelecto no consiste en dar lecciones dirigidas, sino en inspirar y dar ejemplo y en ponerles en contacto con las ideas de las que se valdrán para hacer sus conexiones y explorar más a fondo lo que les llame la atención de lo que aprenden.
Si nos centramos en la repetición y monotonía de practicar sólo destrezas (skills) como la parte técnica de la lectura que aquí llamamos PHONICS, o en matemáticas resolviendo operaciones y completando ristras de problemas, o les ponemos a escribir palabras aisladas para aprender ortografía por la mera práctica, con toda seguiridad que los niños se negarán a cooperar y a seguir las lecciones. Si separamos historia, ciencias, literatura, y leemos libros para recolectar datos y demostrar que los recordamos, o si sólo hacemos proyectos de vez en cuando que tarda uno más en pensar y preparar que ellos en realizar, nos vamos a cansar, y los niños pronto se aliarán en un motín contra esos padres en el papel de dictadores de conocimiento y policía del progreso.

¿Qué hacer entonces para cultivar su curiosidad? ¿Cómo guiarlos en el aprendizaje? ¿Cómo conseguir que se embarquen en proyectos y que busquen aprender autónomamente? Una vez que decidimos qué lecturas guiarán nuestro camino, y que hemos encontrado un programa adecuado de matemáticas (y estoy hablando de los seis años en adelante, y si es antes con cautela y sin presión), y nos hemos centrado en ciertas prácticas que queremos seguir (tiempo en la naturaleza, lectura de la Biblia los que lo estimen necesario, un día a la semana de cocina juntos, lecturas de libros vivos que suscitarán el aprendizaje de historia, de ciencias, tiempo para dibujar, crear y explorar nuestra faceta artística, música, tiempo para buscar en Internet algún vídeo, documental o película que nos interese…) Una vez determinado el camino a seguir, uno será el primero que se deleite en estas lecturas y que se les una en el aprendizaje. De verdad no sé quién está disfrutando más de Winnie the Pooh, el estudiar juntas las historias bíblicas y ganar unos detalles que aunque mis hijas no absorban yo sí estoy ahora disfrutando y adquiriendo, o de las hazañas de personajes históricos como William Penn, Louis Pasteur, o con las diversas lecturas que tenemos que de veras son un deleite.

Y por fin las matemáticas. Si tu hijo ha tenido una mala experiencia con ellas, sería recomendable que cambiéis de materiales, programa, etc. Empieza con matemáticas orales, dá marcha atrás, que un paso atrás te dará dos hacia adelante, con lo cual habrá avanzado uno respecto a donde se encontraba antes. Busca modos de conectar al estudiante con las matemáticas. Mediante biografías de matemáticos, vídeos, literatura sobre matemáticas. No te dé miedo a que se “atrase” en el programa. ¿Qué es atrasarse? ¿Acaso por seguir a fuerza en el camino del currículum propuesto o impuesto por cada curso es avanzar? No todos tenemos ni preferencia ni talento especial para las matemáticas, pero todos podemos adquirir un grado decente de formación matemática que al menos no nos impida seguir con nuestros propósitos vitales. Y confía en que si las circumstancias lo requieren en el futuro, tu hijo, con una mente más madura y sin desagrado patológico por la materia, estará en mejores condiciones de aprender lo requerido. Lo digo por experiencia. De no gustarme las matemáticas y ser la única asignatura que suspendí en el instituto, a aprenderlas decentemente cuando tuve que pasar el TAAS antes de poder proseguir con la titulación de maestra en USA con veintisiete años.
Y sobre la DISCIPLINA. Hay una diferencia entre un estudiante que rechaza el camino seguido en cuanto a su aprendizaje por no ser el adecuado, a el que lo rechaza por no querer trabajar. Y si un niño acaba de salir del colegio, no tengo experiencia, pero he leído que es apropiado darles un tiempo de gracia para que se acoplen y adapten a la nueva situación. Educarlos en casa para pretender que sigan con lo mismo del colegio pero encima que mejoren en las asignaturas no es coherente.

Si hay problema de actitud, de disposición, de obediencia, esto hay que irlo afrontando de la forma apropiada a los valores de cada familia. Muchos niños se niegan a darse un tiempo diario para aprender porque no se dan oportunidad de ver qué tan diferente puede ser aprender en casa, y muchos otros porque no tienen el hábito. Por el contrario, la costumbre que sí tienen es rechazar lo propuesto y seguir con su vida como la conocen hasta el momento, sin saber que hay un festín preparado para ellos. A veces los padres les damos un pescuezón figurado para que se sienten al festín, o les causamos indigestión por querer que abarquen a la fuerza todo lo planeado, y perdemos su confianza. Es importante ganar la confianza y debe estar presente la obediencia y la ATENCIÓN, que precisamente se cultiva en los años primeros no mediante el estudio llamado “formal”, sino mediante el juego y sobre todo pasando horas y horas fuera, observando las hormigas, mariquitas, jugando con palos y piedras a reyes y mil fantasías, escuchando historias familiares, cantando canciones, haciendo tareas domésticas, conviviendo, preguntando (estoy pensando en Zinnia y esa Anuk que le sale con unas preguntas filosóficas que deleitan e impresionan).

En mi experiencia esto es lo que he tenido que discernir, si no querían mis hijas sentarse conmigo un rato a dejar que las guiara en algunas de las cosas que estimo importantes porque les exigía lo indebido o porque simplemente preferían seguir jugando, ver algo en el ordenador, salir al patio. No tenían el HÁBITO de parar un ratito y darse oportunidad de nutrirse con algo ofrecido por mí, que no metido a fuerzas, ni machacado hasta la saciedad, ni tampoco un desplegar mi propio circo que yo me lo guiso y yo me lo como. Claro que juegan mucho en el día, y salen, y vamos al parque, y ven dibujos en el ordenador, etc. Pero a diario (a no ser que estemos de vacaciones, cuando aprenden de todo y con todo) he procurado ir estableciendo una rutina en la que nos sentamos y seguimos unas lecciones cortas. Y los momentos en el día que hacemos esto varían, pero la costumbre es dedicar un espacio al día a esto premeditadamente. Muchos dicen que proceder con lecciones es algo que hacemos para aplacar nuestras conciencias y mentalidad que está forjada al modo de la escuela. Yo difiero. Para mí hay un valor en ello más allá del sentimiento de “han aprendido y han hecho lecciones”. Al día de hoy veo los frutos de esta constancia tan DIFÍCIL no lo niego. Cada día me asombro tanto de lo que recuerdan, lo que comentan, sus propias conexiones, y sobre todo de que hacen suyo algo que yo sólo acerqué, y que también es mío de manera diferente porque resulta que hay cosas que ellas se apropiaron y disfrutaron y a mí no me cautivaron tanto, y viceversa. Y en muchas ocasiones, continúan enfrascadas en algo por horas, o yo igual sigo explorando otros temas y siguiendo otros hilos sin su compañía. Y en muchos momentos libres siguen con sus hojas, sus libros, sus juegos, sus conversaciones, sus ratos en el patio, o su Scooby Dooh también, porque los niños aprenden de todo y con todo, incluso aunque no “aprendan”, y no parezca que escuchen. Y mami sigue con su libro, sus blogs, sus pensamientos, sus libros, sus vídeos y conversaciones.

Y qué es lo que hacemos en esos ratitos (a veces una hora en la mañana, y algo más en la tarde, sobre todo lecturas). Pues matemáticas oralmente, practicar un poco de escritura. Rompecabezas, juegos, manipulativos, la pequeña lectura asignada y muchos libros que escogen. Ilustrar lo leído en la Biblia, de vez en cuando algún experimento, leer poemas, unas lecciones cortitas de destreza de lectura, contar historias, dictar los libros que dibujaron la noche anterior, salir a ver algún insecto, escribir cartas a nuestros amigos, pintar, hacer y usar plastelina, conversar…)

Cuando algo va mal en mi casa, en vez de leer sobre crianza (porque si leo cuando estoy en crisis, o me siento como una basura, o me sirve para justificar algo que estoy haciendo mal y que sé que está mal porque me lo dice mi corazón y mi intuición), procuro callar el ruido, rezar, hablarlo con mi marido, y comentarlo con alguna amiga de muuuucha confianza para salir de la duda de si estoy cerrando los ojos a algo que debe cambiar, o para ver si estoy sintiendo ansiedades injustificadas. Y en los dos campos caigo porque como persona que soy con muchísimos defectos tiendo a justificar lo que hacen mis hijas y lo que hago yo misma poniendo como excusa mis poquititas virtudes, las cuales exagero y pretendo que tapen esos agujeros negros que hay que atender. Y por otro lado, mi personalidad perfeccionista, neurótica y con tendencia a querer sobresalir, muchas veces presiono lo indebido y en mi ego y orgullo comparo y siento que no están donde deberían, lo cual son ansiedades ridículas de una madre ya cuarentona que posiblemente tenga más complejos e inseguridades de las que admitiría en público.

Espero que os sirva de algo, y esta entrada la revisaré entorno a los comentarios (si los hay, ja ja ja), y la incluiré en el libro si Dios quiere.

 

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4 thoughts on “Sobre disciplina, matemáticas y otros asuntos de interés

  1. Escribi doscientas cosas para comentar aqui, pero me quede pensando que finalmente el ultimo parrafo define exactamente lo que siento y termino haciendo tambien(hasta lo de la amiga intima!,ja… ni te digo lo del EGO cuando vi mi nombre, se me hizo un brillito en los ojos!!,jajaja).
    Garcias por escribirlo, definitivamente tiene que formar parte del libro, porque resume todo este proceso de aprendizaje-error por el que tenemos que pasar.
    …y Gracias a Dios y modestia aparte, me dejaste tranquila porque vamos bien entonces, je…( y sigue el ego, ja!)
    De verdad , sos un milagro en mi vida Silvita!
    Hasta lo de como hacer plastelina de avena me cayo como anillo al dedo.

    Un abrazo grandote
    Marina

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  2. Pues lo incorporo al libro sin falta. Otro achuchón cariñoso a tí. (Y no es ego, mujer, es sólo la emoción de encontrar unas palabras con las que nos identificamos, que nos calman y alientan, al igual que las tuyas me renuevan y me ayudan a seguir). Por cierto, qué bello se oye tu “sos”, ja ja ja.

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  3. Bueno, por fin he tenido tiempo de leer la entrada. La veía larga y no encontraba el momento de leerla con tranquilidad jejeje.
    Coincido mucho en que hay que encontrar el tan difícil equilibrio entre “apretar” y “soltar”. Los niños se lo merecen que les apretemos justamente aquel poquito que puedan avanzar cada día. Si no les apretemos, puede ser que no avanzan, si les apretemos demasiado, puede ser que petan.

    Yo lo estoy viendo ultimamente en mi casa. Tenía cosas preparadas pero algunas han ido cogiendo su propio camino y pequeñas propuestas se han convertido en macroproyectos y por otro lado presuntos macroproyectos se han quedado en momentos interesantes pero nada más.

    Supongo que es encontrar esto: ofrecer y ofrecer (claro, tienes que tener ALGO que ofrecer) y luego ver qué sale de esto que hayas ofrecido. Si sale algo interesante, pues adelante y seguir con ello. Si no sale nada, pues adelante y a por otra cosa.
    Prepararse para lo imprevisto e improvisar sobre lo preparado 😉

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  4. Marvan, qué bonita tu última frase de Prepararse para lo imprevisto e improvisar sobre lo preparado La palabra preparar me gusta más que planear, o vaya, planear entendiendo que no puede una escribir como dices por dónde van a ir las conexiones y los proyectos, si se van a quedar en un día interesante, o van a dar pie a días y días de investigar y estar envueltos en ello.
    Y lo de ofrecer, por supuesto, en mi caso muchas veces ofrezco con mi ejemplo, mi propia motivación y mi propio ánimo. Ya no asumo el papel de “policía” o “sereno”, viendo lo que hacen (vaya, no que no se deba revisar o ver), me refiero a que mi rol es más activo pero menos intrusivo, o así es como lo veo. Me informo, escojo las lecturas, las pequeñas lecciones que creo necesarias (práctica de escritura, un tiempo de matemáticas, dos o una lectura diarias mínimo, lectura de la Biblia, alguna manualidad, salidas al aire libre), y sobre eso vamos haciendo conexiones y ellas van explorando lo que les interesa con más intensidad, sugieren cosas y van trazando y caminando su propio camino.
    No todos están de acuerdo con nosotras, Marvan, y es estupendo, cada quien tiene su modo de vida y su forma de entender esto, pero como tú, me gusta ese medio y ese equilibrio entre apretar y soltar, ahí es donde está su zona de crecimiento, en mi opinión.
    Oye, dejé un comentario en el blog de tu hijo. Me gusta mucho cómo se explica con pasión y qué detallista y profesional. Desde luego que tiene historias y qué contar para largo. Yo le veo organizando un museo, o dando charlas sobre cualquier cosa que le interese…tiene mucho juego todo lo que está desarrollando.
    Enhorabuena a esa madre que se prepara y que está ahí presente.

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