Para, escuha, y DISFRUTA

Este es un artículo para la sección de escritores invitados GUEST WRITERS de la página website de Stephanie, The Broad Room.

Durante siete años he sabido de la educación en familia, en el transcurso de los cuales me he documentado, leído, y preparado. Los últimos tres años he experimentado los aspectos prácticos de esta educación con mis dos hijas de cuatro y seis años. Aunque en un sentido no me siento novata, creo que apenas comenzamos este viaje. No digo esto porque no estemos haciendo aprendizaje académico formal, como muchos lo llaman, sino porque ahora empezamos a disfrutar plenamente de esta alternativa que cambia tu vida por completo. Ahora es que comienzo a entender mejor lo que conlleva esto que llamamos educar en familia, y cuando estamos sumergiéndonos de lleno en las maravillas que nuestro aprender en familia nos depara, una educación en nuestro caso inspirada por Charlotte Mason, en una familia en la que hablamos español e inlgés, en Houston, Texas, y especialmente en una familia que intenta vivir su cristiandad como los cristianos del siglo primero.
Stephanie escribe en su página algo que me llamó la atención:

I am here for you, to encourage and equip you so that you have the confidence to do what you know in your heart is the best for you, your own children, and your family, without comparing yourself to other families or succumbing to pressure from well-meaning peers.

Traducción: Estoy aquí para tí, para ayudarte y equiparte de manera que tengas la confianza para hacer lo que en tu corazón sabes es lo mejor para vosotros, vuestros hijos y familia, sin comparaciones con otras familias y sin sucumbir a la presión  de quienes en su buena intención intentan ayudar.

Muchos de vosotros quizá ya habráis pasado por esta fase de tratar de estar a la altura del vecino o los demás que practican esta forma de vivir y aprender, (o puede que nunca hayáis pasado o paséis por ella), en cuanto a mí, nunca pensé que me comparase con otros, pero reflexionando un poco más, creo que cuando leo otros blogs, libros, actividades, proyectos, planes, todo lo que otros hacen, escriben, crean, y muestran, a veces me aplico sobre mí o sobre las niñas y mi familia una presión innecesaria. Pierdo un poco mi dirección, las luces de neón me desvían del placer de saborear y apreciar nuestros momentos.

Igual que he crecido espiritualmente desde que me convertí al cristianismo hace doce años, también he crecido en diversas áreas como ama de casa, como madre (nunca hasta el punto de conformidad, y siempre con amplio márgen de crecer), y ahora estoy comenzando a entender que este asunto de la educación en familia es otra faceta en la que toda la familia crece, y esto depende bastante de nuestras decisiones (como Charlotte Mason apunta).

Creo que debo dejar que Dios me guíe en estas decisiones, y que debemos trabajar por abrir nuestra alma, mente y cuerpo al goce de aprender. El goce de aprender sobre Dios y Su Palabra, mediante el estudio de las Escrituras, para saber cómo obedecerle, complacerle, alabarle, ponerse a su servicio, amarle a El y a los demás, y poder enseñar y dar una explicación de la esperanza que vive en nosotros, el goce de aprender sobre las múltiples ideas, la verdad, la belleza, la plenitud que encontramos en las bendiciones diarias que a menudo pasan desapercibidas, las maravillas que encontramos en su Creación, en los muchos libros a nuestra disposición, en los demás, en el goce de movernos, caminar, nadar, saltar, hacer ejercicio, respirar, jugar.

Acabo de comenzar a escuchar. Estoy intentando aprender a escuchar mejor. Cuando escucho, sé si exigirles a las niñas o ser condescendiente. Puedo determinar mejor cuando hacer una excepción o si estoy siendo demasiado tolerante y pasando por alto algo que necesito corregir.

Habiendo dicho esto, voy a compartir algunas de nuestras alegrías. La primera es ser testigo del  amor por el Señor que las niñas están desarrollando. Cómo me sorprenden cantando canciones de alabanza, hablado de Él, con sus preguntas, y siempre hambrientas y sedientas por su Palabra. El hábito de la oración antes de las comidas es música para mis oídos. Todo esto revive mi deseo de seguir enseñándoles, y especialmente de VIVIR una vida en Él para que puedan ver por nuestras palabras y ACCIONES en lo que creemos.

También leemos libros íntegros o vivos en casa y confieso que soy la primera beneficiaria de estas lecturas. Intento no disgustarme más si a las niñas no les gusta un libro o varios a los que yo les tengo mucho cariño. No es una lista, no tienen tampoco que ser como yo para nada. A ellas les encantan las buenas lecturas, y para mí eso es una alegría. Ya no estoy atrapada en lectura de esos libros rebajados, aburridos y tediosos que Charlotte Mason llamó “twaddle”.

Mis hijas aprenden en dos lenguas, y me gustaría aprender otra diferente con ellas. Pero otra de mis metas es la de ir despacio. Tengo esta imagen mental de disfrutar de la vida despacio, de no acelerarme como el hámster en la ruedita, sino de vivir como el gato en la hamaca. No estoy tratando de “producir individuos exitosos” a toda costa, tal y como uno lee en artículos como éste Why Chinese Mothers are Superior, creo en Dios, ergo creo que los niños son Suyos, no nuestros, que nuestra responsabilidad como padres es enseñarles sobre Él lo mejor que podamos, y que  lo que hacemos “académica” o “físicamente”, no es para competir con otros, sino para desarrollarnos como personas, no importa si trabajamos para Yale o en una fábrica como peones. Y como tal tengo grandes esperanzas y una meta humilde, que no pequeña, la de que vivan para Dios y que tengan una vida tan rica como les sea posible bajo sus preceptos, no bajo los criterios de éxito del mundo.

Nunca antes en mi vida me he sentido tan importante, llena de satisfacción, activa educándome a mí misma, como ahora, cuando soy más invisible al mundo pero amada y apreciada por personas anónimas, y en especial por Él, que conoce todas las estrellas en el firmamento, los pelos de nuestra cabeza, nuestros pensamientos y preocupaciones, nuestras alegrías y sueños.

Muchas alegrías que podrían llenar páginas y páginas…

nuestros paseos,  
nuestras comidas en compañía,   
nuestras conversaciones,  
dibujar,  
cortar,  
recitar, 
escribir,  
dar nuestro brazo a torcer,
pedir perdón,  
cocinar,  
piropearnos,
los besos,

siestas,
excursiones,
canciones y música,
las peleas y resistencia a lo que tenemos que hacer,
las conquistas de esos momentos

y la formación de hábitos, (sabiendo que hay hábitos que vuelven a deshacerse y necesitán atención otra vez)
las lágrimas, 
sonrisas,

carcajadas,
los cambios,
las metas que tienen tanto sentido para nosotros.  

Esta decisión que llamamos la educación en familia que te cambia de la cabeza a los pies, que está en constante movimiento y tan llena de vida.

Sólo puedo animaros a que  paréis, escuchéis, y DISFRUTÉIS.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s