Cada libro tiene su lector

Imagino que cada libro tendrá su lector. Y menos mal, porque si todos fuéramos a la tienda de libros cuando tienen saldos y buscáramos el mismo tipo de libros, digo yo que saldríamos con las uñas rotas y moretones de los codazos.Según estoy buscando tesoros entre las cajas, escucho a una chica joven a mi lado exclamar en inglés “qué bien, genial”, mientras va haciendo acopio de libros con jugadores de béisbol en la portada que no sé ni quienes son.
Hay muchas maestras que van a estas baratijas de libros de los que sólo miramos las fotos y ni eso, para aumentar la selección en su clase, y se surten de libros de temas que les gustan a los niños y niñas en un intento que a mí que lo observo desde fuera me parece cómico y desesperado. Pero las miro con ternura porque yo fuí una de ellas.

El primer día de la venta por la mañana fuí con las niñas, pero estaba a rebosar. Aún así pude encontrar bastantes libros, un total de siete dólares lo que a 40 centavos el ejemplar, ya me dirá el hijo de Marvan cuántos me traje por la mañana. Pero en la tarde noche fuí sola. Las niñas saben que les traigo lo que puede que no sea vistoso pero que encierra un tesoro, como éste abecedario que véis llamado A PEACEABLE KINGDOM. Tiene muchos pájaros diferentes, por cada animal hay una ilustración de una belleza exquisita. Hace las delicias de mis hijas que quieren anticiparse a adivinar nombres, por no decir las de la madre, y combina nombres familiares con otros menos obvios que poco a poco van asentándose en los fosos de nuestra memoria, despacio, al ritmo de los aviones que cruzan el cielo en las mañanas en las que leemos en la cama o en el patio, grabándose con el arrullo de fondo de las palomas de ciudad, del motor del aire acondicionado y del azúcar de sus risas.

Ya por la tarde conseguí unos seis dólares más, y es donde encontré varios libros de literatura y matemáticas, el libro tan famoso por aquí de ONE HUNDRED DRESSES que a mis hijas no les gusta ni poco ni mucho ni ná y para ser sinceros, aunque tiene un precioso trasfondo a mí no me entra tampoco. Y THE WIND IN THE WILLOWS, un ejemplar precioso. Lo intentamos abordar el año pasado, pero creo que era muy pronto. Voy a esperar más tiempo y a darnos una nueva oportunidad.

Entre lo que encontré ya hemos disfrutado algunos, como el de THE GREAT BIG ELEPHANT AND THE VERY SMALL ELEPHANT. Cuando veo un libro de éstos un poquito añejos, con ilustraciones sencillas, a menudo en tonos sepias o no exhuberantes de color, y veo la fecha de publicación en los 70, casi siempre doy en el clavo. Mis hijas a pesar de no ver televisión, son obviamente niñas del siglo veintiuno, y estos libritos a primera vista no las vuelven locas como a la loca de su madre. Pero es abrirlo y leerlo y ya me han pedido que lo vuelva a leer unas tres o cuatro veces desde que lo traje a casa el jueves pasado. Tiene tres historias a cual más tierna, y las ilustraciones aunque sencillas invitan a ser contempladas al hilo de la historia. El vocabulario sencillo pero exquisito. En los setenta y antes (o al menos es mi apreciación), los autores no tenían ningún miedo a utilizar palabras cultas no forzadas, en contexto y con elegancia. Los temas que veo son sencillos, como recibir la visita de la tía abuela del elefante pequeño, y cómo el elefante grande le ayuda cocinando, preparando salidas a la tienda, de pícnic, organizando la casa. O de cómo se siente el elefante grande decaído porque pierde en los juegos por ser tan grande, y cómo el pequeño le hace ver qué él tiene cualidades diferentes pero importantes. Todo sin moralizar, en una historia linda, simple pero rica, y efectiva. MENOS ES MÁS en estos libros. Y mientras escucho cómo la bibliotecaria habla con una clienta de una nueva colección de libros que utiliza vocabulario difícil en una historia graciosa lo que les va a ayudar a los niños a ampliar su léxico y supuestamente a escribir mejor y sacar notas altas o mejores calificaciones como dicen por aquí. Terminando de pagar ojeo los libros de los que hablan y veo que están escritos en tipo cómic y que no son cómics sino que pretenden ser libros, en lo que parece un Frankestein literario, y veo palabras como “asumir” subrayadas, flechas y explicaciones con diversos hmm, ejems, y oseas intercaladas, y con dibujos que pretenden competir con los de la tele o las tiras cómicas de los periódicos…Y como son la novedad encima la venden cara.

Me voy al coche con mi bolsa llena de tesoros rancios anticipando el momento de compartirlos con mis hijas y me digo, desde luego, CADA LIBRO TIENE SU LECTOR.

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